
En medio del bullicio del centro, un día cualquiera, sin aflojar el paso que impone el pulso acelerado de la ciudad, la mirada no puede evitar detenerse en la intersección de San Luis y Corrientes. Allí se levanta un edificio que llama la atención incluso al ojo inexperto. Sin ser arquitecto, quien camina por Rosario puede advertir que Casa Fracassi posee un estilo singular, distinguible del resto de palacetes centenarios que posee la ciudad. Construida entre 1925 y 1927 por un Ángel Guido que comenzaba a consolidar su nombre en el ámbito profesional, Casa Fracassi constituye una pieza significativa en el patrimonio arquitectónico rosarino.
Esta imponente obra fue levantada en una Rosario atravesada por un crecimiento vertiginoso, impulsado por la intensa actividad comercial de su puerto y por la llegada masiva de inmigrantes provenientes de Europa. Ese proceso, tan rápido como desordenado, abrió debates entre ingenieros, arquitectos y nacientes urbanistas respecto de cómo resolver la cuestión urbana. Pero, conectadas con estos debates “técnicos”, se dieron otras discusiones referidas a la identidad nacional y al lugar que el arte, la arquitectura y la literatura debían cumplir en la sociedad. En un contexto de profunda transformación social y cultural, al calor de la inmigración masiva, parecía necesario promover una visión respecto de qué era lo argentino y encontrar mecanismos para nacionalizar a los recién llegados.
Fue en esa Rosario atravesada por debates urbanísticos y culturales que el matrimonio Fracassi, compuesto por el reconocido médico Teodoro Fracassi y por Sara Avalle, encargó a Ángel Guido la construcción de un edificio frente a la Plaza Sarmiento. El proyecto debía combinar vivienda y actividades comerciales: una residencia para la familia, tres departamentos —uno para cada uno de sus hijos— y locales en la planta baja. El edificio se levantaría sobre un terreno ubicado en la intersección de Corrientes y San Luis, en una zona de la ciudad que había comenzado a jerarquizarse desde fines del siglo XIX, luego de que la antigua Laguna de Sánchez fuere drenada y rellenada en 1883.


Desde entonces, ese espacio de la ciudad había comenzado a integrar el centro e importantes proyectos arquitectónicos se habían llevado a cabo allí. La construcción del edificio de la Escuela Normal N°1 y del Monumento a Sarmiento son ejemplos de ello. Pero también la edificación de las casas de rentas “La Agrícola” (1907) y “La Inmobiliaria” (1910) en la esquina de Córdoba y Corrientes, donde también se levantaría poco después el actual edificio de la Bolsa de Comercio (1929).
En ese paisaje urbano, donde el academicismo francés era el estilo arquitectónico predominante, la edificación de Casa Fracassi se constituiría en una ruptura y un manifiesto, puesto que Guido haría de ese encargo la oportunidad para exponer su mirada respecto de la función de la arquitectura en la revalorización de “lo nacional”, entendido como fusión de lo indígena y lo hispánico. En ella, Guido haría del estilo neocolonial su lenguaje.


Ángel Guido y una casa-manifiesto de su proyecto de nación
Ángel Guido es recordado por la que fue, sin dudas, su obra más importante: el Monumento Nacional a la Bandera. Sin embargo, su vida profesional fue intensa y estuvo marcada no sólo por ambiciosos proyectos arquitectónicos sino también intelectuales. A principios de los años ’20, ya había logrado obtener los títulos de Ingeniero Civil (1920) y de Arquitecto (1921) por la Universidad Nacional de Córboba y había logrado convertirse en profesor universitario de la UNL. Para entonces, ya había realizado un viaje que marcaría fuertemente su proyecto estético.
Entre 1919 y 1920, junto a su hermano Alfredo Guido y Alcides Greca, Ángel había recorrido Perú, Bolivia, Chile y el norte argentino, contemplando las marcas que la colonización española había dejado sobre las antiguas construcciones incaicas. Fue ese viaje, sumado a los planteos que hiciere Ricardo Rojas en sus obras Restauración Nacionalista (1909) y Eurindia (1924), los que permitieron a Guido desarrollar tomar posición en los debates en ciernes respecto del rol de la arquitectura y del ser nacional. Posición que sostendría ya sea en su labor como profesor universitario, como impulsor de diferentes proyectos editoriales o como arquitecto.
En ese sentido, Guido criticaba el influjo que los modelos arquitectónicos franceses e italianos habían tenido en la arquitectura, sobretodo en la porteña, y proponía una revalorización del arte americano y colonial, en tanto consideraba que en esa mixtura residía el verdadero rasgo distintivo del ser nacional. Si estos planteos no eran originales de Guido, será él quien impulse la construcción de publicaciones y espacios institucionales que hicieran de Rosario la tribuna en defensa de un estilo al que se dio el nombre de neocolonial. Dicho estilo, ya desarrollado por otros artistas y constructores latinoamericanos, será apropiado y reelaborado por Guido para proyectar Casa Fracassi, la cual será una de las primeras grandes obras del arquitecto.
La misma será pensada en dos frentes que se encuentran en la ochava, en un magnífico retablo arequipeño. Con ventanales adornados por vasijas andinas, techos de tejas españolas y volúmenes en piedra gris, la casa será construida en tres niveles, siendo la planta baja destinada a fines comerciales, el primer piso a los departamentos que serían para cada uno de los hijos matrimonio y el último nivel a la mansión en donde residirían Sara y Teodoro. Combinando con maestría elementos de cultura andina y de la arquitectura colonial, Guido logrará materializar en el edificio su proyecto estético-político y, de ese modo, posicionarse en una “arena donde se debatían las estéticas que bregaban por definir lo identitario”, tal como sostiene la investigadora María Florencia Antequera.


Una interpelación al presente
Está claro que si la construcción de Casa Fracassi se inscribió en un contexto bien específico de la ciudad, la obra misma logró trascender la mera coyuntura y sobrevivir a través de casi cien años, ofreciéndose a la mirada de varias generaciones de rosarinos y rosarinas. Ello no deja de ser sorprendente en una ciudad que ha resguardado poco su patrimonio arquitectónico. Consultada sobre este aspecto, Alejandra Fracassi, nieta de Teodoro y Sara, considera que fue el hecho de que la casa nunca dejara de estar habitada por la familia lo que contribuyó a su conservación. Alejandra cuenta que, luego de la muerte de sus abuelos, fueron sus padres quienes ocuparon la mansión, por lo menos hasta la década del ’90. Fue entonces que sus padres se mudaron para permitir que el edificio fuera intervenido por la Vidriera de Cordic, un proyecto que estuvo destinado a recaudar fondos con fines benéficos a través de la puesta en valor de edificios históricos.



Sin dudas, a la preservación de semejante obra arquitectónica debe de haber contribuido también la constitución de la Museo Casa Fracassi. Esta institución busca no sólo preservar el edificio y el mobiliario de la mansión del segundo piso, sino también abrir la posibilidad de que la ciudadanía pueda visitar la Casa ofreciendo recorridos guiados con frecuencia mensual a través de su perfil de Instagram (@casafracassi) y recorridos virtuales a través de su página web (casafracassi.com/)
Además del Museo, actualmente comparten el edificio otros emprendimientos y proyectos. Por un lado, el conocido local comercial “El Palacio de la Oportunidad” ocupa la planta baja, mientras que uno de los departamentos del primer piso es ocupado por el estudio de arquitectura Casa Georgette. Otro de los departamentos del primer piso es usado con fines residenciales, mientras que en el tercero funciona el Centro Cultural Madres de la Plaza 25 de Mayo (@cm25_rosario) gracias a la cesión en comodato que hiciere Alejandra Fracassi.
Pero si la función que se ha dado a algunos los espacios que componen en el edificio ha cambiado a lo largo del tiempo, no ocurre lo mismo con la función del edificio en su conjunto. Me atrevo a decir que, más allá de los esfuerzos de la familia Fracassi a través del tiempo para mantener el inmueble, si la Casa logró mantenerse en pie es también porque sigue cumpliendo de algún modo la función que Guido quiso darle: hacernos preguntar a los rosarinos y rosarinas qué es lo nuestro y por qué vale la pena sostenerlo.



Fuentes:
Couselo, Gabriela. “El monumento a la bandera de Lola Mora, del Centenario a la década de 1920” y “El monumento histórico nacional a la bandera” [en línea], en Rosario y el Monumento Histórico Nacional a la Bandera. La ciudad y la representación del pasado nacional entre 1872 y 1957, tesis doctoral. Facultad
de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, 2013. Disponible en rephip.unr.edu.ar/items/b0869d36-66bb-46fc-befc-d76c763cd00b
Bonacci, José María. “Rosario. Historias de aquí a la vuelta”, Rosario. Historias de aquí a la vuelta, n.º 23, 1993.
“La arquitectura en la Historia de Rosario. Del Centenario a la Gran Crisis (1910-1930)”, Colección Arquitectura, fascículo número 10, Diario La Capital, 2018.
Antequera, María Florencia. “La residencia y casa de rentas Fracassi, una inflexión del neocolonial en la ciudad de Rosario” [en línea], Res Gesta 51 (2014-2015). Disponible en bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/residencia-casa-rentas-
fracassi-rosario.pdf.


