
Sobre la ochava sudoeste de Laprida y Santa Fe, frente a la emblemática Plaza 25 de Mayo, se ubica una imponente casona que forma parte del casco histórico de Rosario. Fue construida en 1931 por los arquitectos José Gerbino y Leopoldo Schwartz, que un tiempo antes habían estado a cargo de la ampliación del Santuario Basílica Catedral de Nuestra Señora del Rosario y de la entonces residencia de Firma Mayor y Odilio Estévez (hoy Museo Municipal de Arte Decorativo).
La residencia fue testigo de cambios de uso y épocas: pasó de ser, en un primer momento, un hogar señorial para la familia de Juan Bautista Aliau y Germana Rouillon Vierci a sede de organismos públicos como la obra social de los jubilados (PAMI) y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Hoy en día, ya hace más de 10 años que la propiedad permanece en vacía y en desuso, alojando únicamente las sombras de su pasado.


La casona contiene elementos distintivos de su época: patios interiores, galerías, escalinatas y vitraux que representan a la burguesía local de aquellos años 30, al igual que otras mansiones que se ubicaban en inmediaciones de la plaza. La diferencia es que aquellas terminaron demolidas, mientras que esta mansión logró protección patrimonial por ordenanza. Es por eso que destaca su valor no sólo arquitectónico, sino también como testimonio de la zona fundacional de Rosario y del crecimiento urbano de la ciudad al haber sobrevivido al paso del tiempo.


A partir de los años 80, la imponente propiedad alojó diversos organismos nacionales, como se dijo anteriormente. En primer lugar, se destinó a sede de PAMI, y años más tarde a oficinas del SENASA que en 2015 fueron trasladados a otra sucursal para poder realizar trabajos de refacción en el interior, pero nunca volvieron.
En los años siguientes, hubo ciertas vicisitudes institucionales y administrativas con respecto al uso de esta propiedad. Durante el gobierno de Alberto Fernández se la había asignado como sede del Ente de Control y Gestión de la Vía Navegable denominado Ecovina con el fin de supervisar el proceso licitatorio de la Hidrovía Paraná-Paraguay, pero quedó interrumpido debido a denuncias por problemas estructurales, filtraciones y condiciones precarias. A principios de noviembre de 2023, el Ministerio de Infraestructura de la Provincia abrió una licitación para hacer obras de limpieza y mantenimiento, ante la falta de oferentes que cumplieran con los requisitos, la casona quedó desocupada.
A principios de 2024, la propiedad fue víctima de intrusiones y saqueos donde se llevaron objetos y materiales de infraestructura, debido al estado de abandono en el que se encontraba. Sumado a la transición gubernamental y la llegada de una nueva administración que no ofreció continuidad en las obras de reparación, lo que acentuó la desidia de este inmueble de gran valor histórico.
Finalmente, según anunciaron fuentes oficiales en diciembre del pasado 2025, la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPYN) solicitó el edificio a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) para asentar allí sus oficinas. Para ello, el organismo deberá realizar ciertas obras previas para poner en valor el edificio y garantizar su funcionamiento y preservación patrimonial.

La recuperación del inmueble se enmarca en un proceso de obras e intervenciones que se fueron realizando en la Plaza 25 de Mayo y sus inmediaciones en el contexto de la celebración por el tricentenario de la ciudad. Devolverle la actividad a este edificio ubicado en la emblemática esquina de Laprida y Santa Fe contribuiría a consolidar la revitalización del casco histórico rosarino.
Sin embargo, no todas las voces opinan igual. Para el escritor y presidente de Valor Rosario (organización sin fines de lucro), Miguel Culaciati, el valor de la casona no reside sólo en su objeto arquitectónico, sino en ser testimonio palpable de cómo vivía la élite local y de cómo se construyó la zona fundacional de Rosario. En este sentido, la casona podría servir de puente entre la historia cotidiana y la memoria colectiva si se le destinara un uso vinculado a la cultura local, incorporando al casco histórico una dependencia del Museo de la Ciudad (emplazado en el Parque Independencia) o una muestra sobre la inmigración, ya que, a diferencia de Buenos Aires, Rosario no cuenta con un museo de esa temática (La Capital, 2026).

Esta situación evidencia, para muchos, la falta de una política de preservación patrimonial sostenida. Rosario es una ciudad que alberga muchísimos edificios con historias y memorias que podrían ser compartidas mediante usos culturales o educativos a la comunidad local. Que el Estado actúe para recuperar un edificio es una noticia que se celebra, pero carece de cierta integralidad si éste no se abre a la comunidad.
La casona de Laprida y Santa Fe es sin duda un símbolo de la historia urbana rosarina. Su recuperación y restauración es una oportunidad para repensar no sólo su función, sino cómo Rosario protege y pone en valor su patrimonio arquitectónico.



