
En el corazón histórico de Rosario, bajo uno de los edificios culturales más emblemáticos de la ciudad, se despliega un museo singular dedicado íntegramente a la obra de Eduardo Amancio Barnes. En el subsuelo, conocido popularmente como las “catacumbas”, del Teatro El Círculo, ubicado en Laprida 1223, funciona el Museo de Arte Sacro Eduardo Barnes que reúne una parte sustancial de su producción y permite comprender en profundidad la trayectoria de uno de los escultores más relevantes del arte religioso argentino del siglo XX.
El acceso al museo se realiza por el patio del teatro, desde donde una escalera conduce al subsuelo. Este nivel se ubica debajo de la platea y forma parte integral de la estructura técnica del edificio: funciona como caja de resonancia y se encuentra conectado a la sala principal —la Sala La Ópera— mediante respiraderos. El escenario del teatro, a su vez, se emplaza justo detrás del gran relieve de La Última Cena, estableciendo una relación directa entre el espacio escénico y la obra escultórica.
El Teatro El Círculo fue inaugurado en 1904 bajo el nombre de Teatro La Ópera, como resultado de un ambicioso proyecto impulsado por sectores de la inmigración europea que buscaban dotar a Rosario de un coliseo lírico acorde a su crecimiento económico y cultural. Tras diversas interrupciones, la obra fue finalizada con la intervención del ingeniero alemán George Goldammer, especialista en acústica, dando lugar a una sala reconocida por su excepcional calidad sonora. Por su escenario pasaron algunas de las figuras más importantes de la lírica internacional, consolidando al teatro como una institución central de la vida cultural rosarina.
En 1957, Barnes llegó al teatro en busca de un lugar donde guardar, trabajar y exhibir sus obras. Hasta entonces había desarrollado su actividad artística de manera paralela a su formación y desempeño profesional, estudió y trabajó como contador hasta jubilarse, sin haber pasado por una formación académica en escultura. Fue un artista autodidacta, que a lo largo de su carrera llegó a realizar casi 500 obras. Al conocer el estado del subsuelo, entonces abandonado, cubierto de cenizas y escombros, aceptó el desafío de transformarlo en su taller. Para ello contó con la colaboración del cuerpo de bomberos durante varios meses, en tareas de limpieza y acondicionamiento que permitieron incluso descubrir pasadizos que conectaban el subsuelo con el escenario y el foso de la orquesta.

Originalmente, el piso de este nivel era de tierra y resultaba incómodo para el trabajo escultórico. Barnes lo modificó utilizando lajas de Hamburgo, piedras que llegaban como lastre en los barcos a comienzos del siglo XX, cuando arribaban al puerto de Rosario para cargar cereal. De este modo acondicionó el espacio como ámbito de trabajo, razón por la cual hoy el museo conserva una notable cantidad de moldes originales y piezas artísticas, mayormente bajorrelieves en yeso, técnica predominante en su producción. Realizó en menor cantidad obras en bronce, piedra y madera, además de algunas esculturas.
Eduardo Barnes nació en Rosario el 24 de marzo de 1901 y falleció en la misma ciudad en 1977. Su obra, de fuerte impronta religiosa, se caracteriza por composiciones sintéticas, un marcado dramatismo expresivo y un uso muy consciente de la luz y los planos. Un rasgo distintivo es el énfasis en las manos, elemento recurrente que el propio artista vinculaba a un aspecto casi onírico, soñaba con manos y las convirtió en un eje expresivo central, especialmente visible en La Última Cena, donde doce pares de manos condensan la tensión emocional de la escena.
Incluso su firma refleja esta dimensión personal y simbólica. Estaba compuesta por cuatro letras “A”, la más grande correspondía a Amelia, su esposa; las dos inferiores a sus hijos mellizos, Ayax y Ariel; y la cuarta “A”, invertida, remitía a su segundo nombre, Amancio.
Tras su fallecimiento en 1977, al año siguiente se produjo un hecho clave para la historia del museo. En 1978, Amelia Barnes donó ante escribano público todas las obras de carácter sacro que se encontraban en el subsuelo del teatro, con la condición de que, si algún día el edificio fuera demolido, el conjunto pasara a manos de la Municipalidad de Rosario. A partir de esta donación, el teatro dio nombre formal al espacio como Museo de Arte Sacro Eduardo Barnes. Las obras de carácter profano que se encontraban allí fueron destinadas al Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, junto con unas pocas piezas de temática sacra.
En la actualidad, el subsuelo del teatro atraviesa un proceso de ampliación y puesta en valor. Se encuentra en construcción un nuevo sector que se conectará con el museo Barnes mediante un pequeño puente, con el objetivo de conformar el futuro Museo del Teatro El Círculo. Asimismo, en un área donde existen cinco antiguos camarines hoy en desuso, se están preparando espacios para exhibir escenografías de ópera que han sido utilizadas históricamente en el teatro. Se estima que ambos espacios estarán finalizados a lo largo de 2026, ampliando y enriqueciendo el circuito cultural subterráneo del edificio.
El Museo de Arte Sacro Eduardo Barnes se recorre mediante visitas guiadas, que se realizan con reserva previa los lunes, miércoles, viernes y sábados a las 10.30 de la mañana y son aranceladas. Además, el museo participa de la Noche de los Museos, integrándose a los circuitos culturales nocturnos de Rosario. El recorrido propone una experiencia poco habitual. Permite conocer la obra de un escultor autodidacta fundamental del patrimonio rosarino en el mismo espacio que supo transformar en taller, donde arte, técnica y arquitectura se articulan de manera única en el subsuelo de un teatro centenario.







