Anatomía del espanto: Lofiego, el mayor torturador de Santa Fe

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Un hombre que para lo único que le sirvió el estudio de la medicina fue para cometer atrocidades. Sabía hasta dónde podía el cuerpo resistir, los puntos centrales del sistema nervioso donde aplicar la picana. Todo utilizado para quebrantar a las víctimas. Nunca se recibió y nunca tuvo pacientes, pero tuvo víctimas. Sometidas a la peor clase de torturas, llevadas hasta el límite de sus cuerpos, un paso antes de la muerte. Su segunda carrera fue la policía, el espacio donde encontró una estructura dispuesta a poner su crueldad al servicio del terrorismo de Estado.

Lofiego recorrió estas calles toda su vida. Hizo la primaria y secundaria en Colegio Sagrado Corazón y en el 1967 se inscribió en la Facultad de Medicina de Rosario. Mientras estudiaba la carrera se unió a la policía regional como suboficial subayudante al Comando Radioeléctrico, en el 72. A sus 27 años todavía no había completado sus estudios cuando se produjo el golpe de Estado de 1976. Ya dentro de la fuerza policial, fue destinado a la Jefatura de Policía II, en el Servicio de Informaciones, donde pudo satisfacer sus más oscuras perversiones.

La dictadura creó las condiciones para que hombres como Lofiego actuaran con total impunidad. Durante esos años siguió asistiendo a la universidad. En 1980 fue designado ayudante de segunda categoría (alumno) con dedicación simple en la cátedra de Física Biológica, una función que se renovó año tras año y se mantuvo vigente, al menos, hasta abril de 1983.

Su conocimiento sobre medicina, su espíritu de policía, su sed de sangre, de sufrimiento, de ser el amo y señor de uno de los infiernos terrenales que estas bestias criminales regaron por todo el país, lo llevaron naturalmente a ser el jefe de torturas. Dentro del Servicio de Informaciones se convirtió en una figura central de los interrogatorios bajo tormento y fue un integrante clave del grupo operativo que condujo el mayor centro clandestino de detención de la provincia de Santa Fe.



La Unidad Regional ll de Rosario trabajaba con cierta independencia en la planificación y ejecución del sistema represivo, con el comandante Agustín Feced a la cabeza. El departamento de Servicio de Informaciones (SI) era una dependencia orgánica de la Unidad Regional ll, y funcionaba en la Jefatura de Policía, en San Lorenzo y Dorrego. Su función principal era reunir y procesar información para tareas de inteligencia, todo bajo una premisa de “lucha anti subversiva”.

El grupo de tareas de la Jefatura estaba conformado por oficiales provenientes de distintos cuerpos policiales. Muchos de ellos eran hombres jóvenes; entre ellos se encontraba Lofiego. La mayoría contaba únicamente con formación primaria o secundaria incompleta y, a diferencia de buena parte de los militares procesados por delitos de lesa humanidad, no había recibido instrucción específica en inteligencia.

Aun así, se trató de uno de los grupos de tareas más activos de la región. Varios de sus integrantes sostuvieron posteriormente que el SI se limitaba a reunir y circular información. Según sus testimonios, todos rotaban en los distintos puestos. Cumplían funciones administrativas y de logística y a su vez participaban en allanamientos, interrogatorios y “ocupándose” de los detenidos. Todas las dependencias policiales debían estar disponibles si se precisaban para los procedimientos, una modalidad que se repitió a escala nacional.



La guarida de Lofiego

La ferocidad y crueldad de Lofiego se repiten en los testimonios de hombres y mujeres que pasaron por la Jefatura de Policía. El centro clandestino de detención funcionaba en tres espacios diferenciados, identificados posteriormente por los sobrevivientes. El primero era un pasillo con oficinas donde se encontraba la sala de torturas; todos los detenidos pasaban por allí al ingresar.

La denominada “favela” era un entrepiso donde permanecían durante períodos indeterminados quienes habían sido sometidos a tormentos, antes de ser trasladados o asesinados. El último sector era el sótano, donde alojaban a quienes ya habían atravesado las sesiones de tortura. Allí permanecían sin vendas ni ataduras, a la espera de ser derivados a cárceles legales.

Todo esto ocurría en pleno centro de Rosario. Por ese lugar pasaron ilegalmente entre 1.800 y 2.000 personas, entre ellas mujeres embarazadas. Fue el principal centro clandestino de detención de la región y el que concentró la mayor cantidad de personas privadas ilegalmente de su libertad durante el terrorismo de Estado en Santa Fe.

Los testimonios de las víctimas señalan a Lofiego como el jefe de torturas. Cuando no las realizaba personalmente, era quien impartía las indicaciones. Vestido con un delantal médico y un estetoscopio al cuello, aplicaba picana eléctrica en los puntos con mayor concentración de terminales nerviosas del cuerpo. En palabras de la abogada Gabriela Durruty, era el “jefe de la parrilla”.



“El Ciego” o “Mengele” es uno de los represores más mencionados por los ex detenidos. Participó en la detención de muchas de las víctimas y, dentro del SI, circulaba con el rostro descubierto. También solía pedirles a los detenidos que se quitaran las vendas y lo miraran. En un lugar donde el anonimato era parte del mecanismo represivo, esa práctica fue recordada por numerosos sobrevivientes como una de sus marcas distintivas. Sus superiores valoraban su desempeño. En su legajo fue calificado como sobresaliente en espíritu de servicio, rendimiento y competencia (Legajo 359.831, fs. 18 y 19, citado en Fundamentos Fallo de la Causa «Feced I», fs. 512).

Bajo la Causa n° 47.913, «Agustín Feced y otros» (la denominada Causa Feced), Lofiego fue arrestado en agosto de 1984, acusado de secuestro, torturas, homicidios y desapariciones. Sin embargo, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final paralizaron los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura y le permitieron recuperar la libertad.

La impunidad no sólo evitó su juzgamiento durante años, sino que le permitió continuar su carrera policial hasta alcanzar el grado de comisario principal. En 1992, incluso integró la custodia policial del presidente Carlos Saúl Menem durante la inauguración del Parque de España, asignado por el gobierno de la provincia.

Fue pasado a retiro obligatorio en 1998 a partir de un informe elaborado por el subsecretario de Asuntos Legislativos del gobierno provincial, Esteban Borgonovo. La historia tenía una particularidad: en su juventud, Borgonovo había sido secuestrado y trasladado al Servicio de Informaciones.

Tras años de impunidad, el primer escrache realizado en la ciudad de Rosario tuvo como destinatario a Rubén Lofiego, en junio de 1998. Bajo la consigna “Si no hay justicia, hay escrache”, organismos de derechos humanos encabezados por la agrupación H.I.J.O.S. organizaron una jornada histórica de denuncia pública.

Durante la actividad realizaron pintadas para señalar que allí vivía un represor y recorrieron el barrio conversando con vecinos y comerciantes. Muchos de ellos desconocían que en su edificio o en su cuadra residía, en plena libertad, un hombre acusado de secuestros, torturas y homicidios durante la última dictadura.



La causa Feced quedó archivada en el subsuelo de los Tribunales Federales de Entre Ríos al 400. Recién en 2003 el Congreso anuló las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y, dos años más tarde, la Corte Suprema las declaró inconstitucionales, permitiendo la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad.

Lofiego volvió a sentarse en el banquillo de los acusados en 2004. Sin embargo, mientras el proceso avanzaba, la Cámara de Casación le concedió el beneficio de transitar el juicio en libertad. Vivía en pleno centro de Rosario, en Mendoza 1480, departamento 1, octavo piso. Esa situación motivó nuevos escraches. En 2010, una enorme flecha y la palabra “genocida” señalaban su departamento. Los organismos de derechos humanos reclamaban que permaneciera detenido mientras se desarrollaba el juicio, pero no lo consiguieron.



Finalmente, fue condenado en 2012 a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad. Su segunda condena llegó en 2014, en la causa Feced II, cuando recibió una pena de 12 años de prisión. La tercera y última condena llegó en 2020, cuando fue hallado culpable de delitos sexuales junto con Mario “El Cura” Marcote. Por primera vez en Rosario, las violaciones cometidas contra mujeres detenidas fueron juzgadas en su carácter específico de violencia sexual y no únicamente como una forma más de tormento.

En 2021 murió a los 72 años en el Hospital Penitenciario Central de Ezeiza. Arrastraba diversos problemas de salud y, durante sus últimos años, se presentó un pedido de prisión domiciliaria que finalmente no prosperó por no reunir las condiciones necesarias para su otorgamiento.

“Es un momento importante porque su fallecimiento se da en el lugar donde debió estar desde mucho tiempo antes. Las leyes de impunidad le regalaron décadas de libertad que no merecía. Pero muere en una cárcel común, pagando de alguna manera por la gravedad de los delitos cometidos”, apuntó Gabriela Durruty, abogada de la Asociación Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Rosario.


Bibliografía
‘Exploraciones sobre un torturador a través de sus declaraciones: el caso del policía José Rubén Lofiego’. Gabriela Águila. Universidad Nacional de Rosario. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnica (+)
Escrache al genocida Lofiego (2010). APDH Regional Rosario (+)
Museo de la Memoria. museodelamemoria.gob.ar (+)
‘El hombre que echó al Ciego Lofiego’. Sonia Tessa. Página/12. Rosario/12 (+)
‘En nombre del futuro y la memoria’. Reynaldo Sietecase. Página/12. Rosario/12 (+)
Escrache a Rubén Lofiego, excarcelado por la Cámara de Casación. APDH Regional Rosario(+)
“El Ciego” que producía dolor. Redacción Rosario (+)
Espacio para la memoria ex Servicio de Informaciones. Comisión por la Memoria. comisionporlamemoria.org (+)
Colección de Obras. Museo de la Memoria. museodelamemoria.gob.ar (+)
Megacausa Feced: condenaron por primera vez en Rosario a dos represores por abusos sexuales. Museo de la Memoria. museodelamemoria.gob.ar (+)

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Aluminé Rovira Merchan
Estudiante de Antropología. Instagram: @aluminerovira

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