
La topografía de Rosario impone un ritmo propio, un desnivel que, según la movilidad o el estado de ánimo, puede transformarse en un desafío constante al transitar desde el centro hacia el río. En ese recorrido descendente hacia el Paraná, ciertas esquinas funcionan como puntos de anclaje donde el patrimonio histórico permanece con sus alteraciones, resistiendo al paso del tiempo. Una de ellas es el sector de la avenida Belgrano y sargento Cabral , un punto clave donde antaño convergían la actividad portuaria, el movimiento de la Aduana y un pujante comercio.

La histórica Bajada Grande, actualmente nombrada como Sargento Cabral, conducía originalmente a una ensenada de arena y tosca, donde los habitantes realizaban las maniobras de carga y descarga de las embarcaciones que arribaban al puerto. En su intersección, el tránsito fluido de peatones y carretas consolidó la denominada “calle del Bajo”, hoy Avenida Belgrano. La configuración de esta última implicó un proceso en el cual se utilizaron tierras extraídas del desmonte de las barrancas para elevar el nivel de la calzada unos tres metros. Como consecuencia, las edificaciones preexistentes quedaron ocultas, transformando los antiguos niveles de acceso en corredores cubiertos por losas que funcionaron como nuevas aceras, conectadas al exterior mediante escaleras.

Existen testimonios que señalan que, hacia la década de 1950, estas estructuras permanecían deshabitadas. Con el tiempo, los accesos fueron tapiados, sumiendo a estas construcciones en un prolongado olvido hasta el año 1981.
El 4 de octubre de 1981, el diario La Capital documentó un suceso que alertó a las autoridades municipales. Todo comenzó con el robo de un caño de plomo, que cometió un anónimo, expuesto frente a un antiguo inmueble que albergaba un almacén de época, de aquellos caracterizados como “los de antes” por el diario, donde aún era posible hallar vestigios como envases bolita de la bebida chinchibira en una vieja heladera. Lo que inicialmente parecía una anomalía edilicia dio paso a un descubrimiento de gran envergadura: tras encontrar una empinada escalera de material, se reveló una edificación oculta a 3,2 metros por debajo del nivel de la calle. El descubrimiento era narrado por La Capital con asombro: “Allí nació la gran sorpresa. Una empinada escalera de material bajaba hasta el fondo, encontrándose allí una verja con una puerta de hierro. La puerta se abrió sin ningún esfuerzo y posibilitó el ingreso a una casa”.

La estructura se encontraba en un estado de conservación asombroso. Se hicieron visibles otras construcciones subterráneas que se encontraban en buen estado. La trascendencia del hallazgo convocó inmediatamente a las autoridades municipales, encabezadas por el entonces intendente Alberto A. Natale. El equipo técnico, conformado por el secretario de Obras Públicas, Carlos A. Macoc; el de Servicios Públicos, Guillermo Fierro; el subsecretario de Obras Públicas, Héctor D. Brachetta; y el director de Obras Particulares, Alejandro Crivalero, asumió la responsabilidad de evaluar la integridad estructural de la zona ante el riesgo inminente para las casas linderas.
Si bien se pusieron al servicio de la seguridad y la estabilización del terreno, el episodio trascendió lo técnico. El hallazgo no sólo reveló una arquitectura olvidada, sino que despertó nuevamente en la memoria de los ciudadanos la vigencia de los antiguos túneles rosarinos. La existencia de estos pasadizos varían entre la realidad histórica y la fantasía popular. Se vinculaban las estructuras con túneles de contrabando, especulaciones que persistieron hasta que la familia Pinasco, propietaria del inmueble, decidió donar el predio a la Municipalidad de Rosario. Es precisamente en una de estas históricas viviendas rescatadas donde hoy funciona la Casa del Artista Plástico.

La Casa del Artista Plástico: Gestión Patrimonial
La Casa del Artista Plástico es, en esencia, un testimonio de la voluntad colectiva. Sus orígenes se remontan al 1° de abril de 1996, cuando la Secretaría de Cultura municipal convocó en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia a una asamblea que reunió a más de doscientos artistas locales. De aquel encuentro emergió la primera Comisión Coordinadora, conformada por Adrián Carnevale, Omar Henry, Guillermo López Dabat, Lucrecia Pellegrini, Rubén Porta y Arminda Ulloa. Su propósito era organizar y difundir la producción artística de la ciudad.
En octubre de 1997, el municipio otorgó a este cuerpo de artistas el permiso de uso del edificio emplazado en la bajada Sargento Cabral y avenida Belgrano, inaugurándose formalmente el 20 de octubre de ese año con la participación de figuras fundamentales del arte regional, autoridades de la ciudad y público en general.




Recuperación edilicia e institucional
Tras interrupción en los registros de actividad (entre 2014 y 2018 aproximadamente), a partir de 2019 se inició un proceso de rescate patrimonial que culminó en una refundación durante el segundo mandato de la actual gestión (iniciado en 2021) con Laura Capdevila a la cabeza, licenciada y profesora en Bellas Artes, especializada en Teoría y Crítica, además de dibujante.
El estado de precariedad edilicia que presentaba el inmueble exigió un plan de gestión integral que superó la mera reparación estructural: se obtuvieron las habilitaciones legales correspondientes, se procedió a la puesta en valor de la Sala “Raúl Gómez” (El Negro) y se habilitó la Sala “Antonio Berni”, centralizando en la sede las exhibiciones que históricamente se derivaban hacia el Concejo Municipal. En diálogo con Laura, describe la situación en la que se encontraba la casa: “No tenía vidrios ni habilitación y no se hacían talleres. En 2019 comenzamos la limpieza y reorganización del lugar”.
La recuperación del patio, embellecido con los faroles donados por Dante Taparelli, y la apertura de una tienda de arte, marcaron la culminación de un proceso que transformó la Casa en un centro de gestión cultural.

Patrimonio y el legado docente
La impronta histórica del espacio se consolidó con la reciente inauguración el 7 de marzo de 2026 del Espacio de Patrimonio. Este sector, concebido bajo una premisa pedagógica y de difusión, preserva actualmente un acervo de 32 obras de creadores que regionales, incluyendo piezas de Jaime , Diana de Vasconcellos, Mabel Temporelli, Dante Taparelli, Carlos Julio Raffo y Lucrecia Pellegrini.
A esta labor de archivo se suma una política de vinculación académica estratégica, que posiciona a la Casa como un puente entre la práctica profesional y la formación superior. Mediante convenios vigentes con instituciones de renombre: la Facultad de Humanidades y Artes, la Escuela de Bellas Artes, la Escuela de Artes Visuales (ex Vigil) y el ISET18.
Finalmente, la consolidación de la Casa se expresa en la articulación constante con la Secretaría de Cultura y Educación municipal a través del programa “In Venta Rosario”.
Tras treinta años de trayectoria, la institución ha logrado revertir la desidia histórica para posicionarse como un espacio cultural vivo. A pesar de la exigencia constante y el esfuerzo sostenido de la comunidad de la casa que demanda el mantenimiento edilicio de este patrimonio, hoy opera como un espacio de gestión comprometido con el arte local consolidando su legado como un pilar ineludible de la identidad cultural de Rosario.




