La corta vida de Galavisión, la TV rosarina que se transformó en un ícono nostálgico

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La historia del cable local había comenzado en 1982, cuando se instaló en Rosario el primer sistema de televisión por cable del interior del país bajo el nombre de Cablehogar. Con una suscripción mensual, el servicio ofrecía cuatro programaciones propias, además de las señales locales de aire, Canal 3 y Canal 5. Durante casi una década, la empresa se consolidó y sumó abonados sin una competencia real que amenazara su liderazgo.

Fue en ese escenario que emergió Galavisión. A partir de una estrategia liderada por Televisión Litoral SA, la nueva operadora fue el resultado de una alianza que involucró a Telefé, STC y Cablevideo de Santa Fe. Una apuesta agresiva de quienes ya poseían una posición de privilegio en el sistema de medios local, y que, con el aval de capitales extranjeros, buscó desarticular el monopolio de Cablehogar disputando la exclusividad del cable en la ciudad, logrando alcanzar en su red de influencia regional una escala notable.

La promesa de innovación La nueva emisora irrumpió en la oferta cultural rosarina prometiendo transformar la experiencia del espectador. Su grilla combinaba producciones locales (a través de la señal propia Galaseis y los canales 3 y 5 de la televisión abierta) con un ambicioso catálogo internacional que incluía canales como HBO, CNN, TNT, Cinemax y Cartoon Network.

Como una fuerte apuesta publicitaria de fidelización, Galavisión lanzó su propia revista homónima mensual. Entregada sin cargo a los suscriptores, la publicación no solo funcionaba como guía de programación, sino como una vidriera de la escena teatral, social y deportiva de la ciudad a lo largo de sus 14 secciones (Destacados del mes; Estrenos de cine; Guía de canales; Información al cliente; Mirador; Entrevista; Agenda Galavisión; Sorteos del mes; Programación del mes; Urbanas; Deportes; Instantáneas; Candilejas; y La Pausa).

Sin embargo, el impacto más evidente estuvo en la arquitectura urbana. El edificio de la empresa, ubicado en la esquina de Italia y Brown, se convirtió rápidamente en un ícono del imaginario nostálgico de Rosario. Sus imponentes antenas satelitales, visibles para cualquier transeúnte, provocaron que el aspecto de modernidad y avance tecnológico no tuviera posibilidad de pasar desapercibido en el paisaje urbano. Sin dudas fue un inmueble que supo llamar la atención.

La inauguración oficial funcionó como el bautismo político y social de este gigante: contó con la bendición del entonces arzobispo Jorge Manuel López y el discurso inaugural de su director general, un nombre omnipresente en la historia mediática de la región: Alberto Gollán.



El imponente directorio de Galavisión

Detrás de Galavisión operaba una densa red de poder empresarial. La presidencia quedó en manos del propio Gollán (cabeza de Televisión Litoral SA, Canal 3 y Radio 2). La vicepresidencia fue ocupada por Ángel Malvicino, una figura central de la capital de la provincia y presidente de Cablevideo SA.

El resto del directorio funcionaba como un “quién es quién” de la industria mediática del momento: figuras como Pedro Simoncini (hombre clave de Canal 5 y Telefé Buenos Aires), Conrado Cappone y Rafael Salamanca (STC), Ángel Cesaretti Monti (Canal 5), junto a Francisco Ferioli y Daniel Valiente (LT8 Radio Rosario). La gestión operativa quedó delegada en el Contador Héctor A. Magnani como gerente general, secundado por el ingeniero Guillermo Cinelli en el área técnica y el Contador Ángel Facciuto en la administración.



La eterna cuestión del fútbol

En los años noventa, los derechos de transmisión del fútbol argentino comenzaron a centralizarse, y Galavisión apostó fuerte a esa exclusividad. A través de señales como TyC Sports, ESPN y su propio servicio GalaPremium, la operadora ofreció a los rosarinos el acceso al deporte local e internacional. El gran golpe publicitario llegó en 1993, cuando Galavisión anunció la transmisión exclusiva de la Copa América con sede en Ecuador y las Eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos 1994, bajo la premisa de que solo podrían verse a través de las pantallas de cable. Para terminar de inclinar la balanza frente a Cablehogar, la empresa llevó a cabo importantes campañas de marketing que incluían sorteos de automóviles, televisores y viajes para ver a la Selección Nacional.

A pesar de su espectacular despliegue, el mapa de las telecomunicaciones en Argentina cambió de escala rápidamente. En 1994, la empresa fue absorbida por la red nacional VCC (Video Cable Comunicación). Cuatro años más tarde, en 1998, el propio holding de VCC fue desguazado y repartido entre Cablevisión y Multicanal. La marca Galavisión desapareció de las pantallas rosarinas a tan solo siete años de aquella tarde de septiembre, dejando el recuerdo de sus antenas en la esquina de Brown e Italia.

El hombre detrás del imperio: ¿quién fue Alberto Gollán?

Para entender la magnitud de proyectos como Galavisión, es indispensable analizar a su creador. Alberto Gollán (24 de febrero de 1918 – 24 de noviembre de 2014), uno de los fundadores de Televisión Litoral SA, tuvo una influencia que trascendió las fronteras locales, llegando a ejercer la vicepresidencia de la Asociación Internacional de Radio y Televisión (AIR). Su influencia era tal que hasta ocupó un lugar interesante en la historia política de la ciudad: entre mayo y septiembre de 1971, durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, Gollán ejerció como intendente de facto de Rosario.


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Julia Cabezas
Estudiante avanzada de Comunicación Social en la UNR. Coordinadora en proyectos de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Instagram: @juliacabzs

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