Cine Capitol: el recuerdo de una sala que se fue quedando a oscuras

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Si tenemos en cuenta que en la década del 50 había 48 salas de cines en la ciudad de Rosario, que para 1992 la cantidad ya había disminuido un 90 por ciento y que hoy apenas sobreviven ocho, cabe preguntarse cómo eran esas salas y qué pasó con ellas. Ese interrogante guió a Sidney Paralieu en su libro Los cines de Rosario: ayer y hoy (Editorial Fundación Ross, 2000), en el que recupera el auge y declive de las salas históricas de la ciudad.

Una de ellas es la del ex Cine Capitol, ubicado en San Martín 940, entre San Luis y Rioja. El edificio fue declarado patrimonio arquitectónico y actualmente funciona allí un Centro de Convenciones Cristiano. El Capitol se inauguró un 6 de julio de 1927. Estaba administrado por la empresa Cinematografía Argentina Max Glücksmann, que llevaba ese nombre en honor a su director, un inmigrante austríaco que vino al país a fines del siglo XIX y se convirtió en una de las figuras más relevantes del cine sudamericano incipiente.

Fue un pionero tanto en la industria cinematográfica como en la musical. Realizó varios de los primeros noticieros y cintas documentales nacionales y llegó a tener decenas de salas cinematográficas repartidas entre Argentina y otros países de la región. La del Capitol era una de las más modernas de la ciudad y contaba con una capacidad aproximada de 800 espectadores.



Para la inauguración se convocó a periodistas e invitados a un lunch en la sala de espectáculos y la presencia de Glücksmann, que viajó especialmente desde Buenos Aires, no pasó desapercibida. Al día siguiente, el diario Democracia destacó la asistencia de “ases de la cinematografía argentina”, dado que se hallaban presentes “los gerentes de las principales alquiladoras de la Capital Federal”. Durante esa jornada, a partir de las 13 horas, se presentaron los primeros espectáculos por secciones, repartidos en cinco por la tarde y tres por la noche.

Dos años más tarde, en 1929, el Capitol se convirtió en el segundo cine en Rosario en brindar funciones sonoras, con el estreno de “El amor nunca muere“ (Lilac Time, 1928), protagonizada por Gary Cooper y Colleen Moore. A partir de 1935, fue la primera sala que ofreció programación continuada de forma regular. Es decir, la proyección no cortaba y no se pasaban sólo películas: también noticias, documentales, animaciones y cortometrajes.

A diferencia de la actualidad, en la que el cine implica un compromiso en términos de horarios, que las funciones empiezan y terminan (y nadie entra a la mitad), el espectador podía ingresar en cualquier momento, lo que facilitaba la asistencia espontánea y hacía de las salas un lugar más cotidiano.



Ya en la década del ‘50, la industria del cine trataba de diferenciarse de la televisión ofreciendo nuevos atractivos al público: la pantalla dejaba de ser “cuadrada” (4:3) para pasar a ser panorámica. Este sistema, llamado Cinemascope, llegó a la sala del Capitol en 1956. Un año antes, también había sido el primer cine de la ciudad en contar con funciones 3D (cine en relieve).

En su última etapa, el Capitol ofreció películas para adultos. El 30 de noviembre de 1989 cerró sus puertas para reabrir a las pocas semanas, el 11 de enero de 1990, con el nombre de Cine Láser. Según la prensa de la época, la reapertura incluyó reformas edilicias y la incorporación de un proyector y un equipo de sonido Dolby estéreo nuevos.



Ese día se exhibió la película “Las fronteras de la noche“ (1987), una producción canadiense multipremiada y dirigida por Jean-Claude Lauzon. Con ese nombre, permaneció activo durante casi dos años y medio. Su cierre definitivo se vio opacado por el cierre temporal de otra sala emblemática de la ciudad, el cine Heraldo, ubicado muy cerca, en San Martín 866. Por entonces, el diario La Capital publicó cifras que ayudan a entender el cierre del Heraldo, pero que también permiten leer una tendencia que sacudió a otros cines durante esos años: en junio de 1980 esa sala había vendido 10.161 entradas, mientras que en el último semestre completo de 1992 el total fue de apenas 2.789.

Estos números, motivados por la expansión de los videoclubes y la televisión por cable, sumados a otros factores como las crisis económicas y el aumento del costo de los alquileres, fueron determinantes para el cierre de muchos cines de la ciudad. Según el libro de Paralieu, el Láser cerró definitivamente sus puertas el 2 de julio de 1992, aunque durante varios días más apareció su cartelera en la sección de espectáculos del diario La Capital.



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Álvaro Llera
Estudiante de Comunicación Social. Realizador audiovisual. Instagram @alvarollera_ | X: @alvarollera_ | Facebook: Álvaro Llera

1 thought on “Cine Capitol: el recuerdo de una sala que se fue quedando a oscuras

  1. Recuerdo que mi papá de joven(década del 50) comentaba ir al cine Capito, también al palace y la narración casi de no creer lo que pasó en cine Radar el día que fallece Eva Perón.
    Estaba mi mamá con mis abuelos viendo una película americana. Sé interrumpe la función y por altavoz se anuncia que “la función no continuará hasta pasado el duelo causado por tan irreparable pérdida”
    Todo el público afuera y sin poder ver el final de la película. Se estableció un luto que impedía la proyección de películas por un tiempo.
    Creo que algunos espectadores pudieron lograr el reembolso de las localidades . Era un día sábado y por consiguiente de esparcimiento para la mayoría de las personas.
    Y el recuerdo del cine donde se tomaba la merienda mientras se veía la película

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