
Corre el año 1970. Es domingo 6 de diciembre. En el barrio Tiro Suizo, sobre San Martín al 5225, al sur de
Rosario, el cine homónimo abre sus puertas al público por última vez. La programación es la habitual: tres películas por $1,50. El cine que llevó el nombre del barrio se despide sin estridencias, pero queda vivo en la memoria de quienes lo habitaron durante décadas.
El cine del barrio
Donde ahora encontramos un local de ropa deportiva, y donde hace años encontrábamos un supermercado, antes había un cine. El cine Tiro Suizo fue un hito barrial y aún podemos observar su recuerdo sobre la avenida. Situada su apertura en octubre de 1928, se la presentó como una sala de exhibición de películas de la distribuidora “Paramount”, pero con los años el cine fue ampliando su programación y oferta.
En marzo de 1940, el Tiro Suizo reabrió sus puertas tras una importante reconstrucción. Es en este momento cuando cambió su fachada, la que se mantiene actualmente Con esta renovación se incorporaron nuevos equipos de proyección. Años más tarde, entre enero y junio de 1948, la sala fue ampliada y volvió a inaugurarse con un programa doble del sello Universal, confirmando su vigencia dentro de la oferta cinematográfica rosarina. Si bien no era un cine de estrenos, su condición de cine barrial no le impidió incorporar las innovaciones tecnológicas de la época. En 1949 incorporó un nuevo equipo sonoro marca Mazbert; en 1956 presentó su primera función en Vistavisión y, apenas un año después, inauguró el sistema Cinemascope.



El barrio Tiro Suizo
Los orígenes del barrio Tiro Suizo se remontan a septiembre de 1889, cuando un grupo de argentinos y suizos residentes en Rosario fundó una sociedad de tiro en la zona sur de la ciudad. De esa experiencia surgiría no solo el nombre del barrio, sino también una identidad marcada por la sociabilidad, la organización comunitaria y una fuerte impronta simbólica, todavía visible en la imponente arquitectura del antiguo Tiro Federal, ubicado en Lamadrid y cortada Raffo, con su arco monumental y la estatua de la Libertad coronando el edificio. Con el paso de las décadas y la consolidación de un barrio mayoritariamente obrero, esos espacios de encuentro se ampliaron: hacia los años treinta, los cines barriales comenzaron a ocupar un lugar central en la vida cotidiana. En ese entramado urbano y social, el cine Tiro Suizo se convirtió en un punto de referencia para generaciones de vecinos, acompañando la historia del barrio tanto como sus instituciones, escuelas y la vecinal que, desde mediados del siglo XX, articuló buena parte de la vida comunitaria de la zona.

El cine, presente en el recuerdo
Es así que, cuando uno camina por el barrio Tiro Suizo, es imposible no sentir que se transita un lugar con historia. Si se conversa con los vecinos que habitan sus calles desde hace décadas, la figura del Cine Tiro Suizo aparece casi como la de un pulmón social, un espacio que le dio aire al barrio durante años.
Las funciones continuadas (entrar al cine a las 14 y salir cerca de las 22), la preferencia por esta sala frente a otras de la zona (como el Diana o el Coliseo), el Marabú, el local bailable cuya música invadía la sala los fines de semana, las escapadas después de la escuela y las películas, son algunos de los testimonios de los vecinos que recuerdan un cine que vivió con ellos y le dio al barrio un lugar de refugio.
Última función
Durante más de cuarenta años, el cine Tiro Suizo sostuvo una programación popular y accesible, ganándose la preferencia de los vecinos. Sin embargo, hacia fines de los años sesenta, el panorama comenzó a cambiar. La crisis del cine como espectáculo masivo, el avance de la televisión y las transformaciones en los hábitos de consumo afectaron especialmente a las salas barriales.
En Rosario, el impacto fue profundo: de los 54 cines que funcionaban en 1955, diez años después quedaban 43 y, en 1968, cerraron 18. La cuenta siguió restando: en 1971 se contaban apenas veinte salas activas y, para 1973, solo 17 permanecían en funcionamiento. Lejos de ser un caso aislado, la situación respondía a un fenómeno de alcance nacional. En ese contexto, el cine Tiro Suizo tampoco pudo sostenerse al margen de una crisis que transformó definitivamente el mapa cinematográfico de la ciudad.
El domingo 6 de diciembre de 1970 se llevó a cabo la última función. Según cuenta Sidney Paralieu en su libro “Los Cines de Rosario, ayer y hoy”, ofrecieron tres películas por $1,50: Cría sangrienta (The Bloody Brood), La tigresa de Texas (The Bonnie Parker Story) y Kelly el ametralladora (Machine-Gun Kelly). Con esa triple programación, la pantalla del cine se iluminó por última vez, sumándose a la larga lista de salas rosarinas que hoy habitan en el recuerdo de los barrios y de los vecinos que fueron a ver historias y, al mismo tiempo, construyeron las suyas.



