La Escalera de Selarón rosarina: pintar para transformar a través de la experiencia colectiva en barrio Los Pescadores

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En el barrio Los Pescadores, ubicado en las inmediaciones de La Florida, una escalera dejó de ser solo
un lugar de tránsito para convertirse en símbolo de identidad, encuentro y visibilidad. La intervención artística realizada en diciembre de 2021, impulsada por muralistas locales junto a vecinos y vecinas, transformó un espacio cotidiano en un punto de referencia social y cultural del barrio y de la ciudad de Rosario.

La iniciativa se enmarcó en un proyecto que había comenzado un año antes, en 2020, cuando las muralistas Aymará Sosa y Marina Aloe decidieron acercarse al barrio desde el arte, motivadas tanto por una preocupación compartida como por un vínculo previo con el lugar. Ambas ya conocían a familias de la zona y mantenían lazos construidos a partir de experiencias personales y laborales. Desde ese punto de partida, eligieron el muralismo como herramienta para acompañar a la comunidad frente a su histórica invisibilización y a los conflictos urbanos que atraviesa.

“Primero nos acercamos a compartir, a conocer, a profundizar un poco más el conocimiento que teníamos del barrio (…). Había un montón de problemas, pero dentro de lo que nosotros podíamos llegar a hacer con el arte, nos parecía bueno enfocarnos en visibilizar al barrio”, nos cuenta Marina.



Sentirse parte, los inicios de un proyecto colectivo

La primera etapa de la intervención se llevó adelante sobre los frentes de las casas y comercios del barrio. La propuesta combinaba una estética de colores sólidos con una temática ligada al río Paraná, visibilizando las actividades laborales de la mayoría de la población que vive allí.

La consigna era clara: participación abierta. No hacía falta ser artista, bastaba con querer sumar una mano: “La idea fue que todas las personas pudieran venir a colaborar y no necesariamente fueran muralistas profesionales, sino que el vecino que quisiera agarrar un pincel y rellenar con algún color pudiera sentirse parte”, nos relata Aymará.

La respuesta fue inmediata. Vecinos, artistas, amigos y curiosos se acercaron a colaborar. Algunos aportaron pintura, otros comida, música o herramientas. Durante aquellas jornadas el barrio se llenó de pinceles, charlas y cumbia. “La gente que se sentía convocada, se movilizó hacia este lugar que no estaba acostumbrado a recibir visitas”, recordaron. Este proceso generó que las propias familias empezaran a pintar las puertas y ventanas de sus casas así como la organización de la limpieza de espacios comunes e incluso la instalación de luces.


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La escalera como símbolo de identidad y cultura

La idea de intervenir la escalera apareció desde el comienzo, en una de las primeras reuniones entre las muralistas y los vecinos. El espacio era estratégico y llamativo. Con el tiempo, ese lugar se transformó en el corazón del proyecto. La intervención convocó a decenas de personas y convirtió el sitio en un punto de encuentro y una referencia ineludible del barrio.

La comparación con las famosas escaleras de Selarón de Río de Janeiro surgió sobre todo desde el público. Para las muralistas la asociación es el resultado del rol del arte en la apropiación de espacios populares y la revalorización de la cultura local. “Es como que no tenemos en cuenta lo importante que es el arte hasta que aparece y lo transforma todo. De repente, un espacio por donde la gente pasaba sin mirar se convirtió en un sitio donde todos querían detenerse”, explicaron.



Pintar para visibilizar

La intervención artística también abrió un proceso más amplio: proyectos académicos, propuestas urbanas y discusiones sobre el derecho a la ciudad. El barrio, históricamente estigmatizado, comenzó a aparecer en la agenda pública y abrió la pregunta por su integración en la ciudad.

Hoy, la escalera pintada sigue siendo una postal del barrio y un recordatorio del poder del trabajo colectivo. Aunque los problemas estructurales persisten —acceso a servicios, transporte y reconocimiento legal—, la experiencia marcó un camino.

Las intervenciones en el barrio Los Pescadores es un recordatorio de cómo el arte puede ser una herramienta concreta para transformar las maneras de habitar los espacios urbanos, potenciar lo propio, construir comunidad y reclamar visibilidad.


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Renata Dumas
Estudiante de la Lic. en Antropología de la FHYAR, UNR. Instagram: @rena.ta.ds | X: @rena.ta.ds

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