La Chamuyera y Daiana: dos historias unidas por una noche violenta

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Los recuerdos sobre La Chamuyera suelen coincidir. En ellos se repiten escenas que reunían a gente bailando tango, pintando, jugando ajedrez o leyendo. “Era bárbaro”, dice un músico de la ciudad. Y eso mismo podría ser dicho por cualquiera de las tantas personas que pasaron por ahí.

La Chamuyera funcionaba en Corrientes 1380. Recibía a quienes buscaban un espacio de encuentro en la ciudad, en un ambiente amiguero y cultural. Hasta que una botella arrojada desde un edificio lindero marcaría su historia y modificaría por completo la vida de Daiana Travesani.

Las noches en la Chamuyera venían teniendo agresiones que fueron denunciadas por sus gestores, tanto en el Ministerio Público de la Acusación como en la Secretaría de Cultura y en el Control Municipal. Fueron ocho denuncias que no llevaron a ninguna investigación, por falta de pruebas o por no haber lesionados de gravedad.



La madrugada del 27 de octubre de 2016 alguien arrojó al vacío una botella de vino blanco, casi llena. La botella cayó sobre la cabeza de Daiana Travesani, que se encontraba en la vereda de “La Chamu” con sus amigos.

Daiana tenía 24 años. Había llegado unos años antes a Rosario, desde Gobernador Crespo, para estudiar Ciencias de la Educación. Tenía una vida activa y social prolífera. Esa noche estaba allí para escuchar a una amiga que cantaba. Cuando sintió el golpe en la cabeza, se le doblaron las rodillas y dos amigos la recostaron sobre el piso. En el momento nadie dimensionó la gravedad de su lesión. Hasta que uno de los amigos vio que de su cabeza brotaba sangre y dibujaba un charco sobre el cemento.

Daiana recuerda gritos, la falta de aire, la desesperación de su gente que pedía espacio para que ella pudiera respirar tranquila. Cuando sintió que sus amigos le quedaban lejos, aunque estuvieran a su lado, intuyó que la situación era delicada.



Los momentos posteriores vinieron uno detrás de otro. El traslado al Hospital Provincial, después al Heca; el miedo a morir sola; la cirugía urgente; la despedida de sus padres por si las cosas no salían bien y la peor certeza: en el post operatorio, abrir los ojos y no sentir el cuerpo más allá del cuello.

El botellazo le quebró el cráneo. Los partes médicos referían “lesión traumática con fractura de ambos parietales y hematomas extradural y subdural”. Su situación era crítica. Los medios informaban el caso con estupor ante la extrema violencia.

  • “Es muy confuso despertarte y darte cuenta que la mayor parte de tu cuerpo no se mueve. Quería estar muerta”, recuerda.

Las secuelas para Daiana Travesani fueron un desafío. Los primeros meses, no podía masticar su comida; usaba pañales y, entre tantas otras cosas, tuvo que aprender a leer y a escribir. Sus días eran hacer lo que indicaban los especialistas y esperar la reacción de su cuerpo. Fueron unos largos ocho meses que pasó su recuperación como interna en el Instituto de Lucha Antipoliomielítica y Rehabilitación del Lisiado (ILAR). Luego, durante tres años más asistió de manera diaria.

La discapacidad motriz pasó a ser su realidad. Daiana estudió sobre ese mundo para poder entenderse y llegó a la militancia, que hoy la posiciona como una referente en el tema. En 2021 escribió “Me proclamo disca, me corono renga”, libro en el que aborda su historia y también información sobre discapacidad. La obra es bibliografía obligatoria de cátedras universitarias en México, Colombia y Argentina. También ha dictado talleres de formación y trabaja en el Área de Derechos Humanos de la UNR.



“Se me estalló la cabeza y la identidad también”, dice y cuenta lo difícil que fue reconocerse en el espejo. Hoy siente que habita su nuevo cuerpo con entendimiento y que pudo permitirse el tiempo que ese proceso necesita. “Dejé de sentirme presa en mi cuerpo y trato de que la tragedia se disipe”, asegura. Esa libertad que siente incluye una férula, muletas, una silla de ruedas, un andador con asiento y un scooter. Herramientas que le permiten la mayor independencia posible.

A casi diez años del ataque, el caso sigue impune, porque no se pudo identificar a la persona agresora. Desde La Chamuyera escribieron una nota a los vecinos en la que pedían colaboración. A pesar de haber recibido apoyo, la búsqueda fue inútil: nadie vio nada.



Unos meses después del ataque a Daiana Travesani, el 5 de diciembre de 2016, desde el espacio cultural anunciaron su cierre y prometieron una reapertura. Una empresa había comprado el lugar para construir un edificio. Algo que ya venía siendo habitual en el centro de la ciudad. Al día de hoy, la reapertura no llegó.

  • “Cuando supe que derribaban la Chamu, sufrí mucho, porque sentí que terminaban de borrar a la Dai que había quedado en esa vereda”, dice Daiana entre lágrimas.

En la memoria popular, la Chamuyera y la historia del botellazo van juntas. Pero el lugar no se resume en eso, sino en la potencia que tuvo para generar encuentros que tenían un eje artístico. En la web quedan registros de un blog, en el que una especie de fundamento asegura: “Chamuyera es un emprendimiento intercultural creado por artistas. En nuestra casa cultural podés encontrar un espacio alternativo, donde se entrelazan todas las expresiones artísticas”.



Fuentes
Travesani Daiana, “Me proclamo disca, me corono reina”, Rosario, 2021.
Diario La Capital (+)
Blog La Chamuyera (+)
Rosario3.com (+)
RosarioPlus (+)

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Evangelina Sanoni
Docente y Periodista. Instagram: @evasanoni | Facebook: Evangelina Sanoni | X: @evasanoni

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