El día que Manuel Belgrano llegó a Rosario


Corría el año 1811. El desastre de la escuadrilla patriota en San Nicolás, seguido del momentáneo desembarco de algunos marinos españoles en Rosario (por entonces considerada una villa, con menos de 1000 habitantes), determinaron al gobierno a defender este último punto corrigiendo el error de haberlo dejado en manos de milicias mal armadas.

Desde principios de 1811 hasta el 3 de febrero de 1813, fecha del combate de San Lorenzo, la costa rosarina fue uno de los campos de batalla en que se desarrolló la guerra de la independencia.

En ese marco fue que el 7 de febrero de 1812 el General Manuel Belgrano, al frente del Regimiento 1° de Infantería, llegó a Rosario. Ingresó a la villa por la calle Mensajerías (hoy J. M. de Rosas.) Continuó por calle Santa Fe y, giró con su tropa a la calle Real (hoy Buenos Aires) y formó a su ejército frente a la Parroquia (hoy Catedral de Rosario).

Apenas acampando, un fuerte pampero le derriba las tiendas de campaña, arrastrando algunas al río con ropas y vestuarios. Esas carpas son “malas para el calor, para el agua y para el frío”, escribió Belgrano al día siguiente, proyectando sustituirlas por barracones estables.

Además, para impedir el avance realista se retomó una obra que un año antes se había intentado realizar: levantar una batería de costa. Unos 90 habitantes de la villa (recordemos que apenas si llegaban a 1000) ofrecieron colaboración y pusieron manos a la obra. El resultado fue un gran galpón, además de varios ranchos.

Antes que eso, en cuanto a lo que aconteció aquél 7 de febrero, Belgrano escribió: “A la una y media de la mañana se tocó generala y marchamos por caminos y campos muy llanos, sin dificultad alguna, y con poco trabajo que se hizo en la barranca de salida de una cañada que han formado las aguas de lluvia, y llaman Saladillo, pasaron muy bien las Carretas, y hallándonos a distancia del Rosario de cerca de una legua, se formó la tropa, sacaron las banderas, y con todo orden seguimos hasta este pueblo, cuyo comandante, capitán Moreno y el alcalde con otros vecinos salieron a recibirnos y ofrecérsenos.”



Prosigue: “Llegados a la Plaza Mayor (Plaza 25 de Mayo) se formó en batalla, y habiéndose depositado las banderas en la Casa que me estaba preparada (la casa de Vicente Anastasio Echeverría, amigo dilecto y consejero de Belgrano, hermano mayor de María Catalalina Echeverría de Vidal, la dama a quien le cupo la gloria de confeccionar la primer Bandera argentina), marchó la tropa al campamento que ya estaba señalado por el Capitán Álvarez en una buena situación cerca del Río, y bajo unos árboles que favorecen mucho por la estación en que nos hallamos”.

“El Pueblo no tiene casas ni galpones para colocar la gente; se ha encontrado una a propósito para parque de las municiones que traemos, y almacén de los vestuarios, y demás útiles del Regimiento”.

“El Coronel y Oficiales de Caballería de la Patria, y el Capitán de Artillería Herrera, como igualmente el Capitán Rueda, encargado de la construcción de la batería, se me han presentado; he tenido mis conferencias con los dos últimos para la pronta conclusión de la obra en que me dicen se trabaja con bastante anhelo, sin embargo de la falta de gente, y lo que es peor, del dinero: pienso esta tarde ir a verlo todo por mí mismo, a fin de tomar los conocimientos prácticos que se requieren”.

Los días pasaron. Hasta que llegó el 27 de febrero, fecha en que Manuel Belgrano enarboló por primera vez la enseña albiceleste a orillas del río Paraná. La escena fue inmortalizada con un solemne monumento que se yergue junto al río, en las inmediaciones de donde tuvo lugar ese acontecimiento. 

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