Circunvalación: historia de la avenida que transformó la ciudad y tardó medio siglo en concretarse

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A fines del siglo XIX y principios del XX, Rosario explotaba demográficamente. El boom agroexportador en una ciudad atravesada por el puerto y el ferrocarril fueron acompañados por una población que se cuadruplicó entre los años 1987 y 1910, poniendo en jaque la poca infraestructura que la ciudad tenía para ofrecer. 

Rosario se expandía de manera desordenada, respondiendo más a los intereses mercantiles que a una idea de ciudad moderna. El resultado era una urbe fragmentada internamente, donde las vías del tren atravesaban barrios como verdaderas murallas, no había espacios verdes, el puerto ocupaba el centro y el acceso al río estaba prácticamente bloqueado. 

En este contexto, comienzan a surgir debates sobre la necesidad de planificar la infraestructura de la ciudad, siendo 1935 el año en que aparece el primer intento serio de ordenar ese caos: el Plan Regulador, impulsado por figuras como Della Paolera y Ángel Guido, quien diseñó el Monumento a la Bandera. Es allí que podemos rastrear la lógica que décadas después daría origen a la Circunvalación: descomprimir el centro, mejorar la accesibilidad entre zonas y pensar a Rosario como parte de una región. Si bien el plan nunca se concretó, la semilla estaba plantada.



1940: la idea toma forma

Los numerosos cambios que transcurren entre las décadas de 1930 y 1950 aceleran la necesidad de repensar la estructura vial de la ciudad. A medida que los camiones ganaban protagonismo y el sistema ferroviario entraba en crisis, la manera de moverse en la región empezó a transformarse. Al mismo tiempo, el crecimiento industrial sobre la ribera multiplicaba el tránsito. Este escenario es el que desembocó en la creación de la comisión “Avenida Circunvalación Rosario” en septiembre de 1940, durante la intendencia de Alberto Baraldi y con Manuel María de Iriondo como gobernador de la provincia. 

La propuesta era ambiciosa: una vía de alrededor de 30 kilómetros que rodeara la ciudad conectándola con rutas nacionales y evitando que el tránsito pesado vinculado al puerto atravesara el casco urbano. Si bien se realizaron los primeros relevamientos aéreos, sobrevolando la traza de la futura avenida con un avión que contenía cámaras fotométricas y otros elementos técnicos, el proyecto avanzó poco. 

De los planes a la obra: el primer tramo del anillo

La traza definitiva de la avenida se consolida en 1952, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, en el marco de una política más amplia de reorganización ferroviaria y vial. Sin embargo, los vaivenes políticos de los años siguientes interrumpieron una y otra vez el avance del proyecto. 

Fue recién en 1965, durante el gobierno de Arturo Illia y bajo la intendencia del radical Rodolfo Bercovich, cuando se inauguró el primer tramo comenzado años atrás: unos 9 kilómetros que se extendían desde el límite norte del municipio, en la zona lindante con Granadero Baigorria junto al río Paraná, hasta la actual avenida Eva Perón. Luego de la inauguración de este tramo, la Circunvalación quedó durante años como una obra inconclusa, una promesa a medio hacer que lejos estaba de cerrar el anillo hasta el acceso sur al puerto que la ciudad necesitaba.



Los años 80: terminar lo que quedó pendiente

El impulso definitivo llegó recién en la década de 1980 bajo la intendencia del primer intendente tras la recuperación de la Democracia, Horacio Daniel Usandizaga. Es así que en 1984 fueron concretadas las licitaciones para las obras que comenzaron recién en 1985. 

El proyecto se dividió en dos grandes tramos, con múltiples contratos y avances por etapas. El primer tramo iba de Avenida Eva Perón hasta Avenida Uriburu, trazando un recorrido de 7,6 kilómetros. El segundo continuaba desde allí hasta el arroyo Saladillo, donde la avenida empalma con el Acceso Sur al puerto, a lo largo de aproximadamente 9,7 kilómetros. Dentro de esos sectores, los distintos tramos se fueron habilitando de manera progresiva, entre agosto de 1987 y octubre de 1988, cuando finalmente se logró cerrar el anillo: una obra de 26 kilómetros, con decenas de puentes y sistemas hidráulicos que no solo transformaron la circulación, sino también el territorio. 



Los años 90: la disputa por el mantenimiento

A poco tiempo de ser inaugurada, la Circunvalación entró en otra etapa: el deterioro. Durante la década del 90, la política de austeridad nacional se hizo sentir y Vialidad Nacional se desentendió de su mantenimiento. La Municipalidad, bajo la intendencia de Héctor José Cavallero, comenzó a hacerse cargo del corte de pasto en los márgenes y, ante la falta de respuesta de la Nación, intentó avanzar también tapando los baches por cuenta propia. Sin embargo, en medio de la disputa de jurisdicciones, una orden judicial obligó al municipio a frenar las tareas.

En mayo de 1992 se llegó a un acuerdo con Vialidad para licitar los bacheos que necesitaba la vía y comenzar con los proyectos de señalización y cartelización de la misma. El municipio por su parte aportaría los postes y la mano de obra para las colocaciones.



La transformación definitiva

El 25 de febrero de 2009 marcó el inicio de una nueva etapa para la Circunvalación: ya no se trataba de completar tramos pendientes, sino de su transformación. La vieja traza comenzó a ensancharse, a adaptarse a un tránsito cada vez más intenso en una ciudad y una región que ya no eran las mismas que la habían visto nacer. 

Las obras avanzaron por sectores, acompañando las urgencias del tránsito. Allí donde la circulación era más intensa, aparecieron terceros y cuartos carriles; se multiplicaron accesos, colectoras, accesos e intercambiadores. 

El proceso fue más largo de lo previsto, atravesó cambios de gestión, pausas, reactivaciones y también intereses cruzados. Durante años, en la obra convivieron tramos modernizados con sectores aún pendientes. En 2018, nueve años después del comienzo de las obras, quedó finalizada la moderna autopista urbana por la que circulan más de 100.000 vehículos por día. 

Después de más de medio siglo desde sus primeras ejecuciones, hoy la avenida está consolidada como una infraestructura clave, no solo para la movilidad de Rosario sino también para el sistema logístico que articula la producción del país con los puertos del Paraná. Su historia revela el devenir de una obra que creció al ritmo de Rosario y que, como la propia ciudad, nunca dejó de transformarse. 


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Mercedes Martinelli
Licenciada en Ciencia Política. Instagram: @mechi.martinelli | Facebook: Mechi Martinelli

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