
En la esquina de Brown al 3100, en pleno Barrio Pichincha, funcionó durante décadas una de las industrias cerveceras más importantes del país: la cervecería Schlau. Este lugar no sólo representa un punto de referencia en la historia del barrio, sino que también encarna una parte esencial del pasado industrial rosarino.
Su historia se remonta al año 1858, cuando Federico Pommerenke instala en la esquina de Entre Ríos y Catamarca la primera cerveza “a la alemana” de la ciudad de Rosario, bajo el nombre de Cervecería Nueva, adquirida por Gustavo Bley dos años más tarde y luego por Federico Ángel en 1866.
Hacia 1870, el control de esta fábrica es tomado por Fernando Magdelín, quien modifica el nombre a “Cervecería Alemana”. Durante estos años, la fábrica comienza a adquirir un importante prestigio, ganando premios nacionales e internacionales debido a la calidad de su producto, lo cual permite registrar la marca y sus primeros porrones en 1878.
Años después de la muerte de Magdelín, en 1889, el alemán Carlos Schlau y Federico Strasser de origen suizo quedan a cargo de la entonces llamada Cerveza León. Esta sociedad dura apenas unos años hasta que es dividida, quedando Schlau como único propietario. Durante su tiempo, continuó con la explotación comercial de la fábrica, trabajando con varias marcas como Salvador, Porter, León, Rosario Especial e impulsando un importante desarrollo hasta su fallecimiento en 1907.

Tras su muerte, la fábrica siguió funcionando bajo la denominación “Sucesión de Carlos Schlau” hasta el año siguiente, cuando el grupo Bemberg -un importante monopolio- compró la cervecería y la denominó “Cervecería Schlau S.A” en honor a su antiguo dueño. En 1913 adquieren un terreno en Brown 3126 para establecer una nueva planta industrial, inaugurada un año más tarde y dejando la de Entre Ríos y Catamarca para depósito y fábrica de hielo.
En 1927 comienzan a proyectar y ejecutar una ampliación de esta nueva planta y se cierra definitivamente la anterior fábrica. Así, la cervecería fue desarrollando su actividad y proveyendo de cerveza de calidad a los rosarinos por un largo período de tiempo.


Durante la década del 40, bajo el gobierno peronista, las empresas del Grupo Bemberg pasaron a manos del Estado. Hasta que, entre 1958 y 1960, la cervecería vuelve a un grupo de capitales privados funcionando como Cervecería Rosarina Schlau S.A. y trabajando marcas como Pilsen Especial, Bock Especial, El Barril “Porter y León”.
Para 1961 se traslada a Rosario una figura clave, Patricio Antonio Paduán, originario de Avellaneda (Santa Fe), quien contaba con experiencia en el mundo cervecero tras su paso por la cervecería Santa Fe. Su incorporación a la Cervecería Schlau lo convertiría en el primer maestro cervecero argentino, en un ámbito que hasta entonces había sido ocupado por alemanes.




La Cervecería Schlau cerró sus puertas de manera definitiva en 1978. Durante mucho tiempo se creyó que el cierre había estado vinculado a cuestiones comerciales. Sin embargo, testimonios posteriores aportan otra lectura. Según reconstruye Patricio Ángel Paduán, hijo del maestro cervecero y ex empleado de la fábrica, el cierre se produjo en el contexto de la última dictadura cívico-militar y las políticas económicas impulsadas por el entonces ministro Martínez de Hoz. Paradójicamente, el cierre ocurrió en un momento de alta demanda. La fábrica atravesaba uno de sus mejores niveles de ventas y Rosario sería subsede del Mundial de Fútbol del 78.
En ese marco, el grupo Bemberg vendió sus acciones al grupo Quilmes, que decidió cerrar la fábrica rosarina para trasladar su producción a la planta de Zárate. Esta decisión se inscribe en una lógica de desinversión y concentración industrial que tuvo a la Schlau como una de sus primeras víctimas. Así el lugar protagónico que ocupó la Schlau durante 70 años en la vida de los rosarinos fue reemplazado progresivamente por la cerveza Quilmes.
Gran parte del inmueble fue demolido en la ya iniciada década del 80 y permaneció desocupado por algunos años. A comienzos de 1990, el predio volvió a ocuparse con la apertura del antiguo boliche Punta Brown, marcando el inicio de una nueva etapa vinculada a la noche rosarina.
Desde entonces, el espacio albergó distintos emprendimientos, como La Boite o el boliche Madame que funcionó hasta 2017. En la actualidad, opera el complejo gastronómico y de eventos Forest, donde se pueden seguir observando algunas de las construcciones de la antigua planta como la chimenea, los silos de almacenaje y parte de los ramales ferroviarios utilizados para la distribución de mercaderías. También se guardan distintos objetos de la cervecería (botellas, destapadores, servilleteros).
Si bien hoy en día el espacio cumple funciones vinculadas a la nocturnidad y a la gastronomía, manteniendo en pie el edificio, puede dificultar tomar dimensión de su importancia histórica. Durante décadas, la cervecería Schlau significó un ejemplo clave del desarrollo industrial rosarino, generó numerosos puestos de trabajo y se convirtió en un ícono en la vida de Pichincha en particular y de la ciudad en general.




En los últimos años, se tomaron algunas iniciativas que buscaban recuperar ese legado. En 2018, el Concejo Municipal aprobó la denominación del tramo de Avenida Francia, entre Brown y Güemes, como “Paseo de los Trabajadores de la Cervecería Schlau”. También, se nominó una vivienda construida para los gerentes -comercial y administrativo- en las inmediaciones de la planta como “Inmueble de Valor Histórico”, con su placa correspondiente, garantizando la preservación de la misma.
Recientemente, en el marco de la Semana Pichincha realizada entre agosto y septiembre de 2022, se organizaron recorridos por el interior de la antigua planta. Estuvieron a cargo del ya mencionado Patricio Ángel Paduán, empleado de la fábrica en los años 60 e hijo del primer maestro cervecero argentino.
Estas acciones, aunque significativas, no siempre logran instalar en el relato cotidiano la dimensión histórica del lugar. Se puede reconocer cierto desconocimiento y desvinculación entre su pasado y su uso cotidiano. Para buena parte de las generaciones más jóvenes, ese lugar es -o fue- simplemente una pista de baile. Muchos rosarinos lo transitaron durante años sin saber que allí mismo alguna vez funcionó una de las principales industrias cerveceras del país y símbolo de Rosario.
La historia de la Schlau es un ejemplo de la distancia que muchas veces existe entre la manera de habitar u ocupar los espacios en la actualidad y su pasado. Dar a conocer, recuperar, conversar sobre estos lugares no sólo permite dimensionar su valor, sino también mantener activa la memoria urbana de nuestros barrios.




