
El emblemático barco Ciudad de Rosario inicia una nueva etapa con un objetivo claro: volver a navegar y recuperar su lugar como ícono turístico, cultural y social de la ciudad. Tras ser adquirido por la firma local Hayra SRL, el histórico navío permanecerá en Rosario y ya comenzó un plan de restauración integral con la mira puesta en la temporada 2026.
La iniciativa cuenta con un respaldo institucional clave. El Enapro puso a disposición la Estación Fluvial como base operativa y analiza un amarre en el lateral sur, lo que permitirá que el barco vuelva a integrarse al paisaje cotidiano de la ribera. En paralelo, los nuevos propietarios lanzaron una convocatoria abierta a empresas de la región para sumarse como “Empresas Rescatistas”, una figura de patrocinio pensada para acompañar la puesta en valor de un patrimonio profundamente ligado a la identidad rosarina.
El proyecto se apoya en tres ejes centrales. Por un lado, una tarifa diferencial para rosarinos, que buscará garantizar el acceso de los vecinos al río. Por otro, un fuerte perfil educativo y ambiental: el barco funcionará como una “gran aula móvil”, con programas destinados a escuelas y contenidos vinculados al Delta del Paraná, su flora y su fauna. El tercer pilar es la seguridad, con una actualización técnica que prioriza estándares de excelencia, confort y tecnología de última generación.
El regreso del Ciudad de Rosario también despertó entusiasmo en distintos niveles del Estado. Los socios de Hayra SRL mantuvieron un encuentro con el intendente Pablo Javkin, quien expresó su disposición a colaborar y manifestó el deseo de que la embarcación pueda estar operativa para una próxima celebración del Día de la Bandera. A ese acompañamiento se sumaron el ETUR, la Secretaría de Transporte y Logística de la provincia y el ministro de Desarrollo Productivo Gustavo Puccini, que coincidieron en la importancia del proyecto para el perfil productivo y turístico de la ciudad.
Con la premisa de que “el barco se queda en Rosario”, los nuevos responsables apuntan a devolverle su esplendor y reactivar múltiples usos: navegaciones turísticas por el Paraná, recorridos técnicos por el cordón portuario, eventos sociales, propuestas culturales y experiencias gastronómicas sobre el río. “No es solo una inversión: es rescatar parte de nuestra identidad y volver a encontrarnos con el río”, sintetizaron.
Del símbolo al abandono, y del abandono a la reconstrucción
El Ciudad de Rosario llegó por primera vez a la ciudad el 21 de septiembre de 1961. Aquel día, cientos de vecinos se reunieron en la Estación Fluvial para recibir al navío reciclado en Estados Unidos y adquirido durante la gestión del intendente Luis Cándido Carballo, con la idea de impulsar el turismo social y las excursiones estudiantiles.
El arribo fue multitudinario y estuvo cargado de simbolismo: más de 1500 personas a bordo, música oficial y un discurso que sintetizaba una aspiración histórica de la ciudad, la de volver a mirar el río. Sin embargo, la iniciativa no tardó en generar controversias. Rumores sobre importaciones, sobre la propia compra, críticas de la oposición y dificultades administrativas para su nacionalización marcaron sus primeros años.
En 1964, el Concejo Municipal aprobó su venta. Tras un período amarrado y sin uso sostenido, el barco quedó definitivamente abandonado en 1982 y, luego de más de dos décadas en ese estado, fue desguazado en 2007.
Paralelamente, Rosario contó con otra embarcación turística de características similares, construida localmente entre 1964 y 1970, que prestó servicios durante décadas. Ese segundo barco dejó de funcionar en 2020, en el contexto de la pandemia, profundizando la ausencia de propuestas de navegación turística en la ciudad.
Hoy, más de sesenta años después de aquel primer arribo, el nombre Ciudad de Rosario vuelve a asociarse a una idea de futuro: recuperar el vínculo con el Paraná, reactivar la ribera y resignificar un símbolo que forma parte de la memoria colectiva.






