La historia del Barquito de Papel: la escultura que se volvió un ícono de Rosario

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Emplazado en la rotonda, justo entre las avenidas Francia y de la Costa, allí donde antes no había nada, hoy se asoma el “Barquito de Papel”. La escultura da vida a Puerto Norte desde 2013, adornando un paisaje caracterizado por monstruosas torres residenciales y complejos de oficinas. Desde su inauguración, el barquito se fue consolidando como un atractivo de la ciudad, y refleja una conexión profunda con el puerto y el río.



El nacimiento del Barquito de Papel

Gustavo Augsburger y Daniel Kosik son los arquitectos que moldearon el barquito con sus manos. Ambos solían tener una vida laboral paralela, y este fue su primer proyecto en conjunto. “En ese caso estábamos los dos con tiempo. Salió un concurso, estudiamos las bases y nos enganchamos”, recordó Kosik al ser entrevistado desde Rosario Por Conocer. La obra obtuvo el Premio Arnet a Cielo Abierto 2012, quedando seleccionada entre otras 82 propuestas.

Presentar un barquito de papel fue una idea que apareció con el tiempo. En una primera instancia, no había una propuesta clara para la pieza. Pensar dónde iba a localizarse la escultura fue un elemento clave: muy cerca del río, el viento y la costa. Los arquitectos querían aprovechar la ubicación para visibilizar la conexión de la ciudad con el puerto, la historia portuaria como parte de la esencia rosarina.

Así, entre ideas y conceptos, apareció la ocurrencia que lo cambió todo: “Nos dejó casi sin habla, estamos enamorados de la idea”, comentaron los autores sobre el momento epifánico en el que se preguntaron: “¿y si presentamos un barquito de papel?”. Kosik explicó: “Cuando tuvimos que poner en la memoria qué significaba el barco, nosotros escribimos muy pocas líneas porque no era un producto de una elaboración teórica o de un postulado nuestro artístico; nos enamoró la figura”. Con el tiempo, descubrieron que esa forma simple y aparentemente inocente, condensaba múltiples sentidos. El barquito “encarnaba una cuestión muy fuerte de la esencia rosarina; esa esencia no está escrita en ningún lado, se percibe en la obra”.

El proyecto fue de los últimos en presentarse al concurso. Tiempo después, fueron convocados por el jurado para indicarles que su idea iba a cobrar materialidad. “En un momento el jurado se pone muy contento, se ponen a abrazarse entre ellos, a festejar entre ellos. Fue surrealista. Yo me acuerdo que me quedé impactado”, explicó Kosik. Entre abrazos, la idea empezó a decantar: ¡iba a construirse el Barquito de Papel!


Fotografías: Archivo Gustavo Augsburger y Daniel Kosik

Del papel a la chapa: la construcción del barquito

La propuesta inicial debió ser ajustada para que la escultura tomara una mayor dimensión. A pesar de que el concurso estaba diseñado para una obra de menor tamaño, se decidió que la borda del barquito debía quedar más alta y la estructura más grande, para no perderse en el paisaje de la rotonda. Como consecuencia, su emplazamiento costó más de cuatro veces el monto recibido como premio. “Ahí en la rotonda hay dos placas, una con nuestros nombres como autores de la obra y otra con todos los que colaboraron para que fuera posible; empresas y personas que nos apoyaron y acompañaron económicamente para que pudiéramos hacer la obra. Fue muy significativo” señaló Augsburger a este medio.

Construir la escultura fue un proceso de siete meses. Los primeros cuatro fueron dentro de un taller prestado, donde los arquitectos se dedicaron al armado de 12 piezas triangulares, soldadas individualmente. En los meses finales se dedicaron al montaje en la plaza, donde la estructura tomaba progresivamente la figura de barquito. “No es que un día la vimos de golpe, fuimos viéndola aparecer de a poco”, comentaron. Ambos recuerdan con cariño esos tiempos.


Fotografías: Archivo Gustavo Augsburger y Daniel Kosik

Y el barquito salió a navegar

El 19 de mayo de 2013 fue la inauguración oficial del Barquito de Papel. El orgullo, la alegría y la nostalgia se entremezclan cuando los autores se refieren a ese entonces: “Está esa cosa linda de terminarlo y a su vez esa nostalgia de no continuar con la cosa, hubo una mezcla rara de cosas, emociones encontradas. Fue un momento muy intenso y muy interesante”, comentó Kosik.

En el presente Augsburguer lo piensa así: “Siento que la obra es un barco que salió a navegar. Me encanta haber formado parte de los que hicimos ese barco, pero después este arrancó su recorrido. Paso todos los días frente a él cuando voy al centro. Me encanta verlo, pero no tengo un sentimiento de propiedad con él, sino que se lo apropió la ciudad”.

Catorce años después, el Barquito de Papel se mantiene como un estandarte simbólico de Rosario: una de las esculturas más conocidas de la zona norte. Parada obligatoria para turistas y escenario de fotos que se multiplican, el barquito continúa navegando.


Fotografía: Paula Gallo
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Paula Gallo
Estudiante de Comunicación Social. Instagram: @pauliigallo

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