
“La historia la escriben los vencedores”. Esta frase, por más repetida que sea, no pierde vigencia. Pero detrás de cada victoria registrada en los libros hay derrotas que merecen ser rescatadas del olvido. No solo porque también forman parte de nuestro pasado, sino porque nos hablan de caminos alternativos que se podrían haber seguido para construir otros presentes. Esta nota busca correr ese velo y reivindicar a los proyectos vencidos.
En el agitado verano de 1921, un grupo de estudiantes y trabajadores rosarinos intentó lo que pocos se habían atrevido a imaginar: establecer un gobierno obrero en la ciudad de Rosario, en medio de una oleada de huelgas que sacudía a la región. El 7 de febrero de 1921 un grupo de personas tomó por asalto el Palacio Municipal de la ciudad de Rosario, se atrincheró en sus oficinas y decretó el establecimiento de un gobierno obrero. La experiencia duró un par de horas, hasta que fueron desalojados por soldados del Regimiento 11.
Que se haya tratado de una experiencia efímera no agota su interés sino que abre preguntas: ¿qué estaba ocurriendo en Rosario para que un hecho así fuera siquiera posible? ¿Quiénes eran estos obreros y estudiantes? ¿Qué los empujó a actuar y qué esperaban lograr? Intentar responderlas es abrir ese pasado para, quizás, imaginar otros presentes posibles.

El acontecimiento: la toma del Palacio Municipal
«Los que firman este documento —obreros y estudiantes de la ciudad del Rosario— en vistas de la insultante pasividad del señor intendente doctor Fernando Schleinsinger y del gobierno frente al problema que los obreros municipales le han planteado, resuelven apoderarse de la Intendencia municipal».
Así comenzaba el documento que escribieron los rebeldes que, el lunes 7 de febrero a las 5.30 de la mañana, ocuparon el Palacio Municipal. Se trataba de un grupo de 20 personas integrado por estudiantes de Medicina y trabajadores (empleados, jornaleros, electricistas y un panadero), quienes irrumpieron en el municipio cuando se abrieron sus puertas, a pesar de que «un portero trató de impedir la entrada al grupo, y entonces se le amenazó con atarlo si profería el más leve grito en demanda de auxilio» (Diario La Capital, 8/2/1921).
Una vez adentro, izaron una bandera roja desde el balcón del palacio de la Intendencia y se dedicaron a promulgar una serie de decretos. Uno de ellos suspendía «el pago de impuestos y contribuciones como mejor medida de mejoramiento para las condiciones de los pobres». Otros buscaban reemplazar a las autoridades municipales: al intendente, al Concejo Deliberante y a los directores de los centros de salud. Los rebeldes consideraban tanto al intendente interino como al cuerpo deliberativo —de mayoría demócratas progresistas— enemigos de la clase trabajadora. Esto se explicaba porque desde 1920 el municipio buscaba achicar el presupuesto tomando como variable de ajuste los puestos y salarios de los empleados municipales, lo que había desencadenado huelgas y protestas. Por otro lado, la mitad de los integrantes del “soviet” eran estudiantes de la nueva facultad de Medicina y trabajaban en los centros de salud municipales, donde desde 1919 había conflictos con los directores debido a las malas condiciones laborales, favoritismos y problemas salariales.

Mientras esto sucedía al interior del Palacio Municipal, en la calle se alistaban los carros de maestranza municipales para comenzar su jornada. Contaban con custodia policial, ya que los empleados municipales se encontraban de paro y los carros que rompían la huelga eran atacados por los trabajadores. En la esquina de Córdoba y Buenos Aires, soldados del Regimiento 11 avistaron la bandera roja en el palacio municipal y dieron aviso a las autoridades. El jefe del Regimiento ordenó a los soldados rodear el edificio para que la policía pudiera ingresar, pero fueron los propios soldados quienes se ocuparon de reducir y detener a los rebeldes. Sus miembros fueron arrestados y trasladados a la Alcaldía ubicada en la Jefatura Política (en las calles Dorrego y Santa Fe). Fueron puestos a disposición del juez Horacio Sánchez Granel, una figura cuestionada por los anarquistas rosarinos y el movimiento obrero debido a su parcialidad. Los detenidos estuvieron incomunicados y recién dos días después de su apresamiento pudieron comparecer.

El contexto: una Rosario convulsionada
Para entender las motivaciones y las acciones de los miembros del “soviet” rosarino debemos analizar la coyuntura en que estas se desarrollaron.
Entre los años 1917 y 1921, Argentina atravesó uno de los ciclos de huelgas más radicalizados de su historia. Los niveles de violencia desplegada por el aparato represivo del Estado y por grupos paramilitares dejaron como saldo miles de muertos de la clase obrera. La Revolución Rusa de 1917 – que colocó en el poder al Partido Bolchevique e inyectó ilusiones en el movimiento obrero alrededor del mundo- y la crisis económica internacional derivada de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) constituyen el marco internacional en el que se desarrollaron los conflictos obreros durante estos años.
En ese entonces, el movimiento obrero rosarino contaba con una gran presencia anarquista: la Federación Obrera Local de Rosario (FOLR) y los principales gremios de la ciudad —los portuarios, los municipales, los carreros, las trabajadoras de la refinería de azúcar— estaban bajo la dirección de representantes ácratas. Algunos de los conflictos obreros más significativos de la ciudad durante este período fueron la huelga de trabajadores ferroviarios (1917), del personal policial (1918), la de empleados municipales (1919) y la de estibadores portuarios (1920).
El clima de agitación en los espacios sociales fue incrementándose. El 30 de agosto de 1920 se produjo la “masacre de la Plaza San Martín”, en la cual la policía montada cargó sobre la multitud que se manifestaba, con un saldo de dos obreros muertos y decenas de heridos.
Hacia finales de 1920, en un contexto social de alta volatilidad, comenzaron a circular noticias sobre conflictos entre los trabajadores y la empresa La Forestal. Cuando en enero de 1921 estalló la gran huelga en los pueblos forestales, las noticias prendieron rápidamente en Rosario, caldeando los ánimos del movimiento obrero. El recién asumido gobernador Enrique Mosca buscó ordenar las fuerzas represivas sin ceder a los reclamos obreros, organizando la “gendarmería volante” para sofocar las huelgas del norte santafesino.
Enero de 1921 fue un mes de creciente conflictividad en la ciudad: los empleados municipales se declararon en huelga ante los debates por el presupuesto municipal, que incluía la eliminación de puestos de trabajo y la reducción de salarios. A esto se sumaron una huelga de empleados de comercio, de carpinteros y de maestros que tenía en vilo a la provincia. Durante la primera semana de febrero se fueron incorporando gremios a la huelga y a la solidaridad con los trabajadores de La Forestal, hasta confluir en una huelga general declarada por la Federación Obrera Provincial. En ese contexto, el intendente rosarino decidió suspender los carnavales: no se podía garantizar el control de la calle.
Es en esta Rosario convulsionada donde tuvo lugar la toma del Palacio Municipal. No fue un hecho aislado, sino que se inscribió en un ciclo de luchas obreras con alta participación del movimiento estudiantil, durante el cual se fueron delineando los principios y las prácticas que confluyeron en el acontecimiento del 7 de febrero de 1921. Sus ejecutores integraban los sindicatos, las movilizaciones, las agrupaciones estudiantiles, que desde 1917 agitaban la escena pública rosarina.
Aquella jornada es una de las tantas marcas que el conflicto social ha dejado en la historia de la ciudad. Una ciudad que, desde sus orígenes, ha sido escenario de tensiones, demandas y sueños colectivos, y cuyo movimiento obrero y estudiantil ha sabido, en distintos momentos, interrumpir la normalidad para imaginar —y exigir— algo diferente. Esa inquietud, esa resistencia a conformarse con lo dado, es quizás uno de los rasgos más persistentes de su identidad.

Fuentes: Menotti, Paulo; El soviet de Rosario: rebelión de estudiantes y obreros anarquistas.
Spiaggia, Rosario, 2023.


