Del esplendor comercial a una frágil funcionalidad: la desaparición de la Galería Emporio Dominicis

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A comienzos de los años sesenta, Rosario era una ciudad en plena transformación. El centro seguía siendo el corazón indiscutido de la vida urbana: allí se concentraban los comercios, los cines, las confiterías y también buena parte de los rituales cotidianos. Ir al centro no era solo una necesidad práctica; era un paseo. Se caminaba, se miraban vidrieras, se cruzaban conocidos. Calle Córdoba —todavía abierta al tránsito— funcionaba como una arteria vital donde convivían autos, peatones y un entramado comercial que daba forma a la experiencia urbana.

Calle Córdoba y Entre Ríos en 1968, durante una jornada con la calle cortada al tránsito vehicular.

En ese contexto de crecimiento, modernización y expectativas de progreso, comenzaron a aparecer nuevas tipologías comerciales que buscaban responder a una ciudad más intensa y dinámica. Entre ellas, las galerías comerciales que funcionaban como pasajes cubiertos que atravesaban manzanas, conectaban calles y ofrecían una experiencia distinta, protegida del clima y pensada para el recorrido a pie. No eran solo lugares para comprar, sino espacios de circulación, encuentro y permanencia.

El 21 de diciembre de 1963 se inauguró la Galería Emporio Dominicis, en Sarmiento 1074, que pocos años después sumaría un ala con salida por San Juan. Fue una de las primeras galerías comerciales de Rosario y, en muchos sentidos, un símbolo de esa ciudad que ensayaba formas de modernidad propias. Su apertura no fue un hecho aislado, sino la materialización de una idea, concentrar comercio, servicios y sociabilidad en un mismo espacio, integrándolo al pulso del microcentro.

Durante décadas, la Dominicis funcionó como un verdadero microcosmos urbano. Sus pasillos alojaron emprendimientos que con el tiempo se volverían emblemáticos —como el Emporio Dominicis o los primeros pasos de Sport 78— y también oficios, bares, pequeños locales que formaban parte de la trama cotidiana del centro. Para muchos rosarinos, atravesarla era parte del recorrido habitual: un atajo, una pausa, un lugar donde “siempre había algo”.

Comercio en el interior de la galería. Foto: Archivo Telefe Rosario.

Uno de los rasgos más recordados de la Galería Dominicis fue su gran cartel publicitario, visible desde la calle y asociado durante décadas a la identidad del lugar. Se trataba del histórico cartel colgante del Emporio de bicicletas Dominicis, convertido con el tiempo en un verdadero ícono del paisaje comercial del centro rosarino. Más que un simple anuncio, funcionó como una marca urbana: señalaba la presencia de la galería, orientaba recorridos y se integraba al imaginario cotidiano de quienes transitaban la zona.

La Galería Emporio Dominicis durante sus primeros años de funcionamiento. Foto: Archivo MDQ.

Tras el cierre de la galería, el cartel fue retirado y, aunque se evaluó su posible donación al Museo de la Ciudad, que no contaba en ese momento con espacio para exhibirlo, la estructura quedó fuera del circuito público. Años más tarde, imágenes difundidas en redes sociales, como las compartidas por la página Rosario de Antes, lo muestran roto y abandonado junto a otros materiales de demolición, condensando de forma elocuente la fragilidad del patrimonio urbano cuando pierde su función y su resguardo institucional.

Desarme de la galería para comenzar la construcción de edificios y el histórico cartel en ruinas. Fotos: Archivo Ariel Gómez y Rosario de Antes-Mariano Montenegro.

La historia de la Galería Emporio Dominicis estuvo estrechamente asociada a la figura de su impulsor, Rodolfo Dominicis, y a una identidad comercial vinculada al mundo de las dos ruedas. Comercios como el Emporio Dominicis y la firma American Cycles le dieron al paseo un perfil reconocible, que trascendió lo meramente comercial y se integró a la vida cotidiana del centro. A su alrededor funcionaron también locales de rubros diversos, algunos con una presencia sostenida a lo largo de los años, como el tradicional bar Barcelona, fundado por un inmigrante español y convertido durante décadas en un espacio habitual de encuentro para comerciantes y transeúntes.

La galería dialoga, inevitablemente, con otra transformación clave del centro rosarino, la peatonalización de calle Córdoba en 1974. Ese proceso consolidó una nueva manera de habitar el espacio urbano, priorizando al peatón y reforzando la idea del centro como paseo. En cierto sentido, las galerías habían anticipado esa lógica al caminar bajo techo, detenerse frente a una vidriera, encontrarse. La Dominicis no quedó al margen de ese cambio; durante años fue parte activa de ese sistema peatonal ampliado que articulaba calles, pasajes y veredas.

Trabajos de realización de la Peatonal Córdoba en su intersección con Sarmiento en 1974. Foto: Archivo Rubén Botta.

Sin embargo, el tiempo siguió avanzando. Los hábitos de consumo se modificaron, el circuito comercial se desplazó, aparecieron los shoppings y otras centralidades. La galería, como tantas otras piezas del centro tradicional, comenzó a quedar desfasada. La falta de inversión y actualización fue erosionando su vitalidad, hasta que en septiembre de 2015 cerró definitivamente sus puertas, después de más de medio siglo de actividad.

Nota en Rosario Directo por Telefe Rosario, durante septiembre de 2015, tras la noticia del cierre de la galería.
Ingreso a la galería por calle Sarmiento durante sus últimos días de funcionamiento. Foto: Archivo Telefe Rosario.

La posterior demolición del edificio y su reemplazo por un desarrollo inmobiliario marcaron el final material de la Galería Emporio Dominicis, pero no su desaparición simbólica. Su nombre sigue resonando en la memoria colectiva, asociado a una época en la que el centro se vivía de otro modo, cuando el comercio y el paseo formaban parte de una misma experiencia urbana.

Caminar hoy por Sarmiento o por San Juan implica atravesar capas superpuestas de la ciudad. Donde antes hubo pasillos, locales y encuentros, hoy hay otra lógica, otra temporalidad. Recordar la Galería Emporio Dominicis no es un ejercicio de nostalgia vacía, sino una invitación a pensar cómo Rosario construye, y a veces borra, su historia cotidiana. Porque en esos espacios aparentemente menores, lejos de los grandes monumentos, también se jugó y se juega una parte fundamental de la identidad urbana.

Foto: Archivo On24.

Abril Tojo Romero
Gestora cultural. Instagram @abriltojo_ | Facebook: Abril Tojo | X: @abriltr

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