La Estación Central Córdoba: historia dentro de la memoria ferroviaria

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Las puertas de la Estación Ferrocarril Central Córdoba, sobre 27 de Febrero a la altura de Juan Manuel de Rosas, siguen abriéndose cada sábado. En la planta baja, entre objetos, fotografías y relatos, funciona el museo de la Asociación Rosarina Amigos del Riel, integrada por personas interesadas en difundir el valor del ferrocarril y otros transportes guiados. Allí, rodeado de piezas que sobrevivieron al paso del tiempo y a los cambios de la ciudad, Carlos Alberto Fernández Priotti reconstruye la historia de un lugar que supo ser clave para el desarrollo del transporte y la economía del país.

Hacia finales del siglo XIX se construye la estación con el objetivo de conectar Rosario con Córdoba y con las líneas del norte sin necesidad de transbordos, llevando cargas directamente a un puerto fluvial del litoral. Allí funcionó el primer ferrocarril de trocha métrica de la ciudad, en un contexto donde los demás eran de trocha ancha. Esta estación competía con el Ferrocarril Central Argentino, que ya unía Rosario y Córdoba, aunque por otro trazado.

En 1906 la empresa obtiene la concesión para extender el servicio hacia Buenos Aires y, seis años después, comienza a operar conectando la capital con el norte del país a través de esta red.



Ese desarrollo se ve atravesado por un hecho que marcaría para siempre la historia del edificio: el 31 de diciembre de 1920 se produce un incendio en la azotea, en el sector central, que destruye los dos pisos superiores. El origen se atribuye a trabajos realizados en el techo y a una brasa encendida, aunque nunca pudo confirmarse oficialmente. Durante la reconstrucción se rehace el bloque central y se modifica la arquitectura con un cambio de estilo: de impronta británica a una estética más afrancesada, incorporando además un piso adicional. La obra se completa aproximadamente en 1925 y da lugar a la fisonomía actual.



Con el paso de los años, la estación continuó siendo un punto estratégico. En 1930 el Estado nacional compra el Ferrocarril Central Córdoba e integra la red a Ferrocarriles del Estado, previo a la nacionalización definitiva de 1948, lo que incrementa el tráfico ferroviario. De esta manera, la estación se consolida como una pieza clave del país al conectar la red de trocha métrica con un puerto del litoral.

Pero hacia 1950 se desafecta del servicio de pasajeros, aunque continúa funcionando para cargas y conexión con el puerto hasta la década de 1990. El cierre del ramal en 2015 marcó el final de la circulación ferroviaria por la zona: hace más de diez años que los trenes dejaron de pasar por allí.



Desde entonces, gran parte de la superficie ferroviaria se transformó en el Parque Hipólito Yrigoyen. Hoy, en la estación, el museo mantiene viva esa memoria. La Asociación Rosarina Amigos del Riel busca sostener allí lo que definen como el “corazoncito ferroviario” del lugar. El espacio puede visitarse los sábados de 16 a 19 horas.

Desde este presente, la mirada también se proyecta hacia el futuro. Para quienes investigan y defienden el transporte guiado, pensar un tranvía en Rosario requiere una perspectiva metropolitana y el aprovechamiento de las trazas ferroviarias existentes. Consideran que podría mejorar la capacidad de transporte y agilizar el movimiento urbano en la ciudad. La historia de la Estación Central Córdoba, entonces, no sólo remite al pasado ferroviario de Rosario, sino que abre una pregunta a futuro sobre la movilidad urbana: ¿es posible volver a pensar el transporte sobre rieles y recuperar, en clave contemporánea, la idea del tranvía?


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Julia Pujol
Licenciada en Comunicación Social de la UNR. Instagram: @juli.pujol | Facebook: Juli Pujol | X: @julipujol01 | TikTok: @juli.pujol

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