
Una casa histórica, trabajo constante para la permanencia y para lo afectivo: una verdadera biblioteca popular situada en pleno corazón de Pichincha abre sus puertas a la comunidad desde los años noventa. En el camino muchas cosas fueron cambiando: nuevas personas, nuevas ideas y contextos sociales que han marcado —y marcan— qué es hoy la Biblioteca Alfonsina Storni.
Reunidos con quienes forman parte de la comisión de la biblioteca, estuvimos charlando acerca de su historia, de sus anhelos, de sus deudas y de proyectos en constante movimiento como Espacio Cultural de nuestra ciudad.
Una memoria que se construye y reconstruye
A veces la memoria individual no repara en un cómo o en un porqué; a veces es la memoria colectiva, la memoria barrial, la que construye historia, la que ofrece un relato significativo que nos ayuda a comprender un poco quiénes somos.
Es así que la Biblioteca Alfonsina Storni, ubicada en Ovidio Lagos 367, en pleno corazón del barrio Pichincha, se configura hoy como un Espacio Cultural en constante movimiento. Un espacio que tiende lazos a partir de los libros y del encuentro.
“Vas tendiendo el puente con gente, y es desde lo afectivo que se termina dando la pertenencia”, aprecian quienes hoy forman parte de la comisión directiva de la biblioteca, al destacar uno de los pilares fundamentales que sostienen el lugar.
A veces, los “espacios comunes” no son aquellos en los que caemos por casualidad; por el contrario, son lugares en constante construcción: amplios, coloridos, habitados, donde lo común se activa y nos impulsa a tender lazos para imaginar cosas que antes no podíamos solos. La Biblioteca Alfonsina Storni se erige como un lugar común de lazos, donde los libros, los talleres, las actividades y las propuestas son la materia prima que activa y genera cultura.



El acervo, la visión
En una casa de más de 120 años habitan los libros y se invita a los lectores y lectoras del barrio a cruzar su gran puerta y abrir páginas hacia universos indomables. Las colecciones que forman parte de la biblioteca son fruto del trabajo de varios años. Quienes hoy integran el espacio comentan que hubo dos momentos fundamentales que marcaron las características de dichas colecciones en los últimos tiempos.
El primero se ubica aproximadamente en el año 2013, cuando el espacio comenzó a conformarse principalmente con ejemplares que permitían destacar un recorrido vinculado a la narrativa y la poesía de Rosario. De hecho, la comisión cuenta que en ese momento —y también en la actualidad— los lectores y lectoras que acuden a esta biblioteca no suelen buscar libros en tendencia; por el contrario, se trata de lectores que desean aventurarse a descubrir autores y autoras distintos, novedosos, actuales y no tan actuales. Es así que el material rosarino propiamente dicho constituye hoy un acento primordial para el acervo de “La Alfonsina”.
Un segundo momento se destaca a partir de los años 2022 y 2023, cuando reunirse para poner en debate ideas volvió a ser posible luego de la pandemia. En ese contexto, comenzaron a gestionar un espacio propio para las infancias a partir de la renovación del material: un nuevo lugar que establece al juego y a la lectura como soportes.
Quienes están allí día a día, quienes proponen y quienes trazan vínculo con los lectores son, a su vez, lectores y, muchos de ellos, también escritores. Por estos motivos existe un público amplio que accede y espera encontrarse con una experiencia de lectura mucho más nutritiva que aquella que podría darse en soledad o en espacios poco activos.
No solo los libros son el motor de esta biblioteca popular, sino también las actividades que la caracterizan. Cuentan con talleres de danza, de lectura y escritura, y talleres para adultos mayores, como los de uso de la tecnología y de la memoria. Cada año se proponen actividades distintas y se sostienen aquellas que poseen mayor demanda.
La comisión reconoce que anteriormente la gente se acercaba principalmente por los talleres, pero hoy tanto las propuestas como las colecciones funcionan como pilares que van de la mano y hacen al espacio.
A través de la renovación de las colecciones han logrado “salir de la biblioteca” como ámbito cerrado y silencioso para volverla viva, “habilitar otros espacios que tienen que ver con eso”. Cada actividad y cada inversión posible retroalimentan el lugar.





Todo espacio vivo sigue creciendo: deudas y desafíos
Una biblioteca popular nace por iniciativa de la comunidad, propiciando que, en su desarrollo, la cultura y las ceremonias que identifican a esa grupalidad sean de acceso libre. Las bibliotecas populares son, en esencia, la visión del mundo, del barrio y de la ciudad de todos aquellos que las conforman.
Este trabajo sería imposible sin la capacidad de autogestión. Cuotas, actividades, bufet, talleres: existe una red indispensable que debe fortalecerse día a día para sostener esa esencia. Hay un “apropiarse del espacio” que también requiere de este sostenimiento, así como de la generación de puestos de trabajo y de un sentido claro de lo que se pretende.
La Biblioteca Alfonsina Storni es un espacio sostenido por lo que grupalmente se entiende como conciencia social.
En un mundo marcado por el desinterés, la falta de empatía y el auge tecnológico, ya no alcanza únicamente con el entusiasmo para crear y sostener: se necesita perspectiva y proyecto.
Hoy el gran desafío está en transformar ese desinterés o desinformación que existe respecto de las bibliotecas populares, y en lograr comprender el impacto social y cultural que estas poseen. El trabajo es fundamental porque las bibliotecas populares son espacios de inserción territorial.
La gran deuda y el llamado a la acción es poder construir socialmente la función que estos espacios cumplen, para que no queden sofocados en un sinsentido.

Hacia lo seguro pero desconocido
Seguir trabajando implica, en primer lugar, seguir pensando el rol de la biblioteca. Aún persiste un gran desconocimiento en torno a lo que una biblioteca popular es y representa. Si bien el libro continúa siendo su eje central, se trata de instituciones comunitarias, espacios vivos que exceden ampliamente la idea de un simple depósito.
En muchos casos, incluso, se cree erróneamente que estas bibliotecas dependen del ámbito municipal, lo que da cuenta de una falta de información que termina neutralizando su potencial como “espacios otros”, capaces de generar experiencias culturales y sociales singulares. En ese sentido, uno de los grandes interrogantes que atraviesa a la biblioteca es: ¿cómo lograr posicionarse como espacio cultural en un contexto donde la articulación con las políticas públicas resulta ambiguo y poco práctico?
Existe, además, una lógica del “under” que atraviesa muchas de las propuestas culturales independientes: si no se está inmerso en esos circuitos, es difícil conocer los movimientos que existen, las experiencias que se gestan por fuera de lo visible. Son propuestas que muchas veces habitan espacios casi subterráneos, experiencias de sótano que circulan de boca en boca y que encuentran en la biblioteca un lugar posible para emerger.
Entre los mayores desafíos aparece la necesidad de sostener una comisión que se encargue de administrar y organizar el espacio. A esto se suma la responsabilidad de mantener un inmueble propio de más de 120 años. “Hoy tenemos todo”, afirman desde la comisión, y en esa frase se condensa una idea clave: lo verdaderamente importante no es solo haber construido, sino poder sostener en el tiempo.
Un gran valor que comenzó a gestarse hace poco es que la biblioteca se encuentra construyendo una editorial propia. El primer proyecto tuvo que ver con un concurso de escritura llevado a cabo en una reconocida escuela de la ciudad donde los chicos y chicas realizaron creativos trabajos que posteriormente se editaron en formato de fanzine.
Una nueva apuesta que reafirma su carácter activo y su compromiso con la producción cultural, sumando una capa más a ese entramado comunitario que se sigue pensando, revisando y fortaleciendo día a día.



