La primera escalera mecánica de la ciudad: un ícono del microcentro rosarino

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“Habiendo escaleras comunes, la empresa no se responsabiliza por los accidentes que pudieran ocurrir al usar la escalera mecánica.” Esta es la leyenda que figura en el pasamanos de la primera escalera mecánica que se instaló en la ciudad.

Ubicada en la Galería Córdoba por su entrada de calle Sarmiento 783, la primera escalera mecánica pública generó furor en su tiempo. “La gente subía y bajaba y subía y bajaba”, recordó Ricardo H. Cosio, coleccionista y principal accionista de la galería, quien por entonces era un niño: “Yo era chiquito y venía a jugar. Se inauguró a finales de 1956”.

Cosio señaló los negocios más icónicos de época, que daban vida a la galería en L, y a los cuales se accedía subiendo por la escalera: la popular confitería Crystal Palace, vidriada y con vistas hacia la calle Córdoba, donde se podía descansar después de una tarde de centro e incluso bailar en horas de la tarde; la cantina Stromboli y el salón de fiestas Castel Nuovo, este último recordado por sus fiestas de quince y casamientos.

Perteneciente a la empresa alemana Carl Flohr AG, y traída usada desde el mercado de floricultores de Buenos Aires, la escalera mecánica representó un artefacto novedoso que convocó a un público multietario a la Galería Córdoba. Para algunos fue la primera escalera mecánica en funcionamiento que habían visto en sus vidas.


Foto: Kevin Dolce.

Debido a su alto costo de mantenimiento y para mitigar su desgaste, hace unos años se decidió automatizarla. Esto permitió que, en vez de estar en constante funcionamiento, solo se active al pisar la alfombra de ingreso para subir (o bajar) a los pasajeros en un total de 14 segundos. Desafortunadamente, hace pocos años tuvo que ser desactivada: “Un día se enganchó un escalón y se paró”, comentó Cosio, quien desde entonces se encuentra en activa búsqueda de un profesional que reactive su funcionamiento.

Con She Will Be Loved de Maroon 5 sonando de fondo, la atmósfera nostálgica del ingreso a la galería deja entrever una escalera petrificada, que luego de décadas de utilidad quedó relegada a una función estética e histórica. Puede ser contemplada pero no utilizada, ni siquiera para subir manualmente. Un obstáculo impide que los turistas, transeúntes y niños puedan acceder a la planta alta usando esta escalera, para evitar que se profundice su desgaste.

A pesar del desafío que representa conseguir un profesional capacitado, sumado a dar con los repuestos para las piezas gastadas, Cosio se manifestó optimista: “Si traen los escalones, la ponemos en marcha”.

Mientras tanto, sus peldaños históricos y pasamanos de madera siguen siendo el símbolo emblemático de la galería, que, junto con las múltiples antigüedades dispuestas en cada piso —cuadros, autos y motos de colección, espejos y lámparas extravagantes—, conforman un ecosistema que invita a adentrarse en los locales y recorrer cada rincón.


Foto: Kevin Dolce.

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Paula Gallo
Estudiante de Comunicación Social. Instagram: @pauliigallo

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