Del esplendor burgués a la salud pública: la historia del Palacio Canals

Lugares que perduran Más reciente

Sobre calle Rioja, a pocas cuadras del bulevar Oroño, se erige el Palacio Canals. Muchos rosarinos lo identifican simplemente como “IAPOS”, ya que desde el año 2014 el edificio funciona como sede central del Instituto Autárquico Provincial de Obra Social.

El Palacio Canals es una de esas construcciones monumentales que adornan el centro rosarino pero que el tránsito cotidiano convierte en invisibles. Sin embargo, su fachada monumental encierra una historia estrechamente vinculada al crecimiento vertiginoso de la ciudad a fines del siglo XIX y a las tensiones económicas propias de una época marcada por el auge y la crisis. Concebido originalmente como residencia privada del empresario Juan Canals, el edificio permite asomarse no solo a la trayectoria de una figura destacada del Rosario finisecular, sino también a los profundos cambios sociales, urbanos y económicos que acompañaron la consolidación de la ciudad.

Un palacio para la burguesía rosarina

Juan Canals fue uno de los muchos inmigrantes europeos que llegaron a la ciudad de Rosario durante la segunda mitad del siglo XIX. Nacido el cinco de agosto de 1849 en Barcelona, hijo de un comerciante de vinos con negocios en el Río de la Plata, a sus 21 años desembarcó en Buenos Aires y al poco tiempo se trasladó a Rosario.

En esos años, la ciudad de Rosario se consolidaba como uno de los espacios más dinámicos de la Argentina. Su incorporación al modelo agroexportador, apoyada en el crecimiento del área rural santafesina, transformó a la ciudad en un nodo estratégico gracias a la intensa actividad de su puerto y a su rol como polo ferroviario. Esta posición privilegiada en las redes de transporte y comercio impulsó un rápido crecimiento poblacional, alimentado por la inmigración europea, y favoreció el desarrollo de una economía urbana diversificada. El auge de la construcción, la expansión del comercio, el fortalecimiento del sistema bancario y el surgimiento de industrias orientadas al mercado interno definieron el perfil de una ciudad en plena modernización, escenario propicio para el accionar de empresarios como Juan Canals.

Entre las décadas de 1870 y 1890, Canals se convirtió en un acaudalado hombre de negocios. Tras sus primeros años como empleado de escritorio, se insertó en el comercio mayorista a través de distintas sociedades comerciales entre las que destacaron Escayola, Canals y Cía. y la asociación comercial Canals, Dam y Preto. Desde esta base expandió sus inversiones hacia la industria, el sistema financiero, el transporte y el mercado inmobiliario urbano. Fue accionista de una fábrica de Yerba y de la Empresa Tranways del Oeste, fundador del Banco Sindical (1889) y mantuvo relaciones estrechas con el Banco de la Provincia. Al mismo tiempo, se involucró en la construcción de obras públicas, interviniendo en proyectos de gran envergadura como el puerto de Rosario, el ex Palacio de Justicia -hoy Facultad de Derecho de la UNR- y la Villa Hortensia de la Familia Puccio. Además obtuvo contratos para la pavimentación de varias calles de la ciudad. Muchos de estos proyectos lo involucraron en escándalos de corrupción que cobraron relevancia en la prensa rosarina de la época.

En la década de 1880, Canals contrajo matrimonio con Asunción Dam, una joven española perteneciente a una familia destacada del empresariado local. La pareja proyectó la construcción de su residencia privada sobre la actual calle Rioja, entre Moreno y Balcarce, una zona que comenzaba a consolidarse como sector residencial de la élite rosarina. El proyecto fue encargado al arquitecto inglés Herbert Boyd Walker, quien también intervino en otros proyectos financiados por Canals como el ex Palacio de Justicia (1889) y Villa Hortensia (1890), y que participó en la construcción de numerosos edificios que hoy forman parte del patrimonio cultural arquitectónico rosarino, como el Hotel Savoy.

Diseñada con un estilo arquitectónico ecléctico-academicista, la residencia Canals se erguía dentro de un predio enrejado que contenía el jardín del que aún se conservan árboles centenarios. La fachada destacaba con sus detalles en madera y las barandas de terrazas y balcones realizadas en mármol de Carrara. Originalmente contaba con una torre con reloj que debió ser demolida porque afectaba la estabilidad de la construcción.

La construcción de la residencia coincidió con el momento de mayor prosperidad económica del matrimonio Canals. No obstante, el cambio de ciclo que atravesó la economía argentina hacia 1890 afectó de manera decisiva su fortuna. Las dificultades económicas que debió afrontar el empresario modificaron el destino de la casa, que pasó de manos particulares a ser propiedad del municipio.



Crisis y reconfiguración: del lujo a la función social

El año 1890 resultó decisivo para el destino del Palacio Canals y de su propietario. En ese contexto se desató una de las crisis económicas más profundas de la historia argentina, cuyos efectos se prolongarían durante varios años. Juan Canals fue uno de los numerosos empresarios afectados, debido al impacto de la crisis en los principales sectores donde tenía invertido su capital: la obra pública, el mercado de valores y el negocio inmobiliario. La paralización de las obras estatales, la interrupción del crédito externo y el derrumbe del valor de las cédulas hipotecarias y de las tierras urbanas deterioraron rápidamente su situación financiera. A ello se sumó la obligación de afrontar importantes deudas con entidades bancarias. Hasta su muerte, ocurrida en Buenos Aires en 1901, Canals dedicó sus últimos años a intentar saldar esos compromisos.

En este nuevo escenario económico, Canals perdió la casona familiar ubicada sobre la calle Rioja. La misma fue adquirida por el municipio en 1901, convirtiéndose en el Palacio de la Higiene, el primer inmueble específicamente concebido para atención de salud pública en la ciudad. Allí funcionaron diversas instituciones vinculadas a la atención sanitaria, inaugurando una nueva etapa en la historia del palacio.

En abril de 1902 comenzaron a funcionar en este edificio la Dirección de Asistencia Pública, el Laboratorio Antirrábico, el Laboratorio Bacteriológico, la Estación de Desinfección y la Oficina Química. Estas instituciones constituyeron herramientas clave para la gestión de la salud urbana, en un contexto marcado por el aumento de brotes epidémicos que afectaban a la población rosarina.

Uno de los antecedentes más significativos en este sentido había sido la epidemia de cólera que azotó la ciudad durante el verano de 1886-1887 y dejó miles de víctimas fatales. En respuesta a este escenario, el gobierno municipal impulsó la creación de oficinas técnicas y la implementación de reglamentaciones destinadas a intervenir ante situaciones de emergencia sanitaria, ampliando así su campo de acción sobre la ciudadanía y fortaleciendo su función social. Como consecuencia de este proceso, durante gran parte del siglo XX el Palacio Canals fue conocido popularmente como la “Asistencia Pública”. Con el paso del tiempo, el edificio también albergó a la Maternidad Martin ubicada a pocos metros y llegó a ser sede de la Secretaría de Salud del municipio; sin embargo, el progresivo deterioro de su estructura fue privándolo de estas funciones.


Palacio Canals, fines siglo XIX. Colección Museo de la Ciudad

El palacio Canals hoy: patrimonio vivo de la ciudad de Rosario

Después de décadas durante las cuales el edificio fue perdiendo funciones y visibilidad, el Palacio Canals inició en la década de 2010 una nueva etapa de su historia a partir de un proceso de recuperación y refuncionalización impulsado por el gobierno provincial. En noviembre de 2009, la Municipalidad de Rosario firmó un convenio con la Provincia mediante el que cedió el inmueble por un plazo de treinta años a cambio de su reparación, puesta en valor y de la recuperación del espacio público circundante. Los trabajos de remodelación, orientados a adecuar el edificio para la instalación de las oficinas del IAPOS, arrancaron en febrero de 2011 y culminaron en 2014.

Debido a la categorización del inmueble como patrimonio arquitectónico de la ciudad, las obras de remodelación incluyeron la reparación y puesta en valor de elementos originales de la construcción. A través de un delicado trabajo de limpieza, reparación y reconstrucción se retiraron agregados posteriores tanto en las galerías como en la fachada. En el interior del edificio se incorporó un entrepiso a las dos plantas originales del edificio para mejorar su funcionalidad.

En el proyecto original de recuperación del inmueble, el gobierno provincial contemplaba la creación de un Museo de la Salud que funcionara en el interior de la casona. Lelio Mangiaterra, quien se desempeñaba como director de Salud municipal al momento de iniciarse las obras, declaró al diario La Capital que desde hacía más de una década la Municipalidad conservaba aparatos e instrumental médico con vistas a conformar una colección destinada a un museo de la salud para la ciudad. Sin embargo, este ambicioso proyecto aún no se ha concretado.

En tanto espacio que evidencia el cruce entre pasado y presente, el Palacio Canals permanece como un testimonio elocuente de las distintas etapas de la historia urbana rosarina: desde la residencia privada de un empresario de fines del siglo XIX, pasando por su función sanitaria y asistencial a lo largo del siglo XX, hasta su actual uso administrativo. Su recorrido invita a pensar el patrimonio no solo como un conjunto de edificios restaurados, sino también como un espacio de memoria colectiva, abierto a reinterpretaciones y a debates aún pendientes sobre los modos de narrar la historia de la ciudad.


El Palacio Canals, hoy. Imágenes tomadas de la fachada desde la calle Rioja. Fotografía de Bruno Bolognesi para arqa
Tagged
Cecilia Fleba
Docente de Historia. Instagram: @_ceci_andrea

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *