
Van a ser 50 años del Golpe de Estado que instauró la Dictadura cívico-militar más sangrienta de la historia argentina. Van a ser casi 50 años, también, de los inicios de un movimiento de derechos humanos que ha logrado, con marchas y contramarchas, múltiples conquistas. Desde el Juicio a las Juntas Militares hasta la derogación de las leyes de Obediencia de Vida y Punto Final, la reapertura de los juicios, las querellas. Pero, en general, al hablar de estas conquistas suelen aparecer algunas caras, nombres y organizaciones que, desde Buenos Aires, comenzaron, de a poco, a colocar el tema de los presos políticos y de los desaparecidos en agenda.
Sin embargo, Rosario también fue escenario de un importante movimiento de derechos humanos que, articulado con organizaciones de otras localidades y puntos del país, sostuvo la lucha por quienes habían sido secuestrados por las fuerzas de seguridad. El principio de esa historia arranca, precisamente, en Ricardone 58.

Allí comenzó a funcionar, a principios de 1977, Familiares de Detenidos y Desaparecidos, organización constituida como tal el 15 de abril de 1977. En el momento más crudo de la represión clandestina, un grupo de madres, padres, hermanos, parejas y otros había comenzado a conocerse y a organizarse luego de encontrarse golpeando las puertas de múltiples dependencias estatales en busca de respuestas. Si las primeras reuniones fueron en casas particulares, pronto comenzó un acercamiento a la Liga Argentina de los Derechos del Hombre (LADH), que les cedería a estos familiares un espacio en su local de la cortada Ricardone. La historiadora Marianela Scocco plantea que la cesión de este espacio implicó un salto en términos organizativos, ya que le permitió al grupo tener otra dinámica y volverse más visibles como colectivo, tanto para ellos mismos como para las autoridades, e incluso para las fuerzas de seguridad¹.


En ese espacio se llevaron a cabo múltiples actividades, aún en plena dictadura. Allí se comenzaron a recibir denuncias de secuestros, se elaboraron habeas corpus para presentar en la Justicia, se reunieron fondos para publicar solicitadas en los diarios y para brindar ayuda a familiares de presos políticos para que pudieran viajar a diferentes penales a visitar a sus parientes detenidos. También desde allí se organizaron marchas y se entró en contacto con diferentes curas para pedir misas por los desaparecidos. Ana Moro, hermana de Miriam Moro y actual presidenta del Centro Cultural Madres de la Plaza 25 de Mayo, consultada para esta nota, destaca: “Ahí hacíamos cantidad de cosas, hasta asambleas”. Si bien señala que en esos tiempos iniciales eran muy pocos, resalta todo lo realizado a pesar del terror. “Nosotros teníamos gente en la esquina ¿viste? Todo fue peligrosísimo”, subraya Moro. De hecho, se han encontrado documentos de la Policía de Santa Fe que dan cuenta del seguimiento que las autoridades de facto realizaban a los miembros de Familiares, algunos de los cuales han sido estudiados y trabajados por Scocco.



Para el año ’82, sobre todo luego de la derrota en la guerra de Malvinas, las organizaciones de derechos humanos de todo el país comenzaron a tener mayor visibilidad social y el tema de los desaparecidos comenzó a aparecer con más fuerza en la agenda pública. En ese contexto, Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Rosario comenzó a nutrirse de nuevos militantes que se acercaban, algunos de ellos ex presos políticos que recuperaban su libertad.
El cambio de coyuntura más la suma de nuevos militantes hizo que algunos de los miembros de Familiares pasaran a compartir espacio de militancia con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos filial Rosario, surgida en 1979, que tenía un local por calle Corrientes. Mientras, otro grupo permaneció en el local de calle Ricardone junto a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la cual permaneció en la cortada hasta mediados de los años ’80, cuando se trasladó a calle 1° de Mayo 1235².



A partir de ahí, el surgimiento de organizaciones iría in crescendo. De hecho, en 1985, surgiría Madres de la Plaza 25 de Mayo. Sin embargo, la primera semilla estuvo allí, en la cortada Ricardone. Allí se tejieron los primeros vínculos que darían luego paso al surgimiento de diferentes organizaciones de fronteras móviles, marcadas por la circulación de sus militantes, algunos pertenecientes a más de una organización al mismo tiempo.
Fue mucho lo que vino y lo que se hizo después. Pero allí estuvieron los cimientos del movimiento que sostuvo la causa de los derechos humanos en Rosario, a pesar de tantos reveses. Así fue reconocido en 2021 cuando, a 45 años del Golpe, la Dirección General de Derechos Humanos y Memoria, perteneciente a la Secretaría de Género y Derechos Humanos de la ciudad de Rosario, a cargo por entonces de Alicia Gutiérrez, decidió señalizar la casa de Ricardone al 58 en el marco del programa Marcas de Memoria.
Van a ser casi 50 años de esos momentos iniciales, de esas primeras reuniones en pleno centro rosarino, en plena dictadura militar. Van a ser 50 años y los tiempos no parecen favorables para sostener nada, menos aún la memoria de un pasado doloroso. Y, sin embargo, allí siguen y allí seguirán, porque los tiempos difíciles no han amedrentado a estos organismos surgidos en las horas más oscuras.

¹ Scocco, M. (2021). Una historia en movimiento: Las luchas por los derechos humanos en Rosario (1968-1985). Universidad Nacional de La Plata, Universidad Nacional de Misiones y Universidad Nacional de
General Sarmiento. P. 184.
² Scocco, M. (2021). Una historia en movimiento: Las luchas por los derechos humanos en Rosario (1968-
1985). Universidad Nacional de La Plata, Universidad Nacional de Misiones y Universidad Nacional de
General Sarmiento. P. 198.




Fotografías actuales: Kevin Dolce


