Rosa Wernicke y Julio Vanzo: pasión, arte y cultura local

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En los años 40’ Rosa y Julio formaban parte de un reducido círculo de intelectuales de Rosario. Eran una pareja muy unida y se complementaban en sus proyectos. Ella lo inspiraba y él ilustraba sus publicaciones. Ambos trabajaron para el diario La Tribuna (histórico diario vespertino del Partido Demócrata Progresista) y también coincidían ideológicamente en un contexto político partidario en el que el PDP estaba en su punto más álgido.

Vanzo nació el 12 de octubre del año 1901 en Rosario, en una casa ubicada en calle España al 828, en una calle que hasta el 1900 se llamó “Buen Orden”. Tenía cuatro hermanas; era hijo de Antonia Siffredi, una argentina con raíces genovesas, y de un inmigrante austríaco, pintor y periodista Giuseppe Vanzo, que llegó a la Argentina a fines del siglo XIX.

Su única educación formal fue en el nivel primario en el Normal Nº1. Luego adquirió conocimientos de forma autodidacta; era un estudioso de las vanguardias europeas. Los temas que abordaba en sus pinturas eran siempre los mismos: en ellas aparecían objetos como por ejemplo paraguas, figuras humanas, algunas de ellas vinculadas a sus otros gustos culturales, como por ejemplo el tango y el jazz, y otras a su interés por el erotismo.

Lo que sí fue variando en su proceso artístico fue su técnica, ya que se encontraba siempre en la búsqueda de su interpretación de los movimientos vanguardistas para poder crear una estética propia. El constructivismo, el cubismo y el surrealismo influyeron en sus obras a pesar de que su primer y único viaje a Europa se daría recién en 1940. Le llegaban las novedades tardías del continente europeo a través de sus amigos intelectuales.

A muy temprana edad recibió su primer salario pintando carteles para una zapatería de Rosario. A los 16 años comenzó a involucrarse en la gráfica rosarina realizando caricaturas para el diario Reflejo y en simultáneo trabajaba para una escribanía. Dos años después, Vanzo realizó su primera muestra de retratos en la sucursal rosarina de la galería Witcomb (luego Renom), ubicada entonces en San Martín entre Córdoba y Rioja.

Expuso también en museos de Córdoba, Santa Fe, San Luis, Chaco, y su conocida exposición de grabados “Martín Fierro”, en la galería Sudamericana Nueva York. En 1921, por recomendación de Mario Zavataro (artista italiano, activo en Argentina), trabajó un tiempo en el periódico Ideal Nacional Buenos Aires. Pero tuvo que regresar a su ciudad natal debido a que la situación económica de su madre y sus hermanas había decaído luego del asesinato de su padre, hecho que se le atribuye a la mafia rosarina, de acuerdo a algunos autores de la época.



Un creador inagotable y versátil

Vanzo realizó pinturas, esculturas, escenografías, diseñó cartelería para empresas e ilustró varios periódicos de la época. El museo Castagnino + macro posee en la actualidad 268 obras de su firma. Está conformado por piezas que datan desde el año 1939 a través de compras, premios adquisición y donaciones. El artista fundó publicaciones como Ahora Sábado y la segunda versión de Monos y Monadas, una revista de cultura y entretenimiento con sátira política e ilustración literaria. Pintó murales en Rosario, muchos de ellos inexistentes al día de hoy. Algunos estaban ubicados, por ejemplo, en el hotel Palace en Corrientes 791, en un edificio en Boulevard Oroño al 538, en el Sanatorio Británico y en la Galería Rosario (San Martín entre Córdoba y Rioja).


Foto actual del mural de Vanzo en La Galería de Rosario.

En lo personal, algunos autores lo tildaban como un tipo muy serio y otros lo consideraban una persona amistosa. Tenía amistades muy distintas entre sí y algunos famosos como Carlos Gardel, Arthur Rubinstein, Berta Singerman, Pablo Neruda, León Felipe, Rafael Alberti y César Tiempo. Aunque su vínculo más escandaloso y mediático (al borde de un enfrentamiento a duelo por una discusión) fue con Lucio Fontana (artista rosarino que, a diferencia de Vanzo, era más reconocido en el exterior), con quien compartió además su taller un tiempo hasta que Lucio partió a Europa.

Le interesaba mucho la amistad, inclusive sus talleres eran lugares de encuentro de la comunidad de artistas e intelectuales de la época. Dentro de esa comunidad conoció a Rosa Wernicke, una admiradora de la pintura y de las obras de arte. Rosa era una escritora, crítica literaria y periodista. Nació en la ciudad de Pergamino, provincia de Buenos Aires, el 13 de marzo de 1905. A comienzos de la década del 30’ se fue a vivir a Córdoba y allí realizó su primera publicación “En los albores de la paz” (hoy difícil de encontrar). Después vivió un tiempo en Santiago del Estero, donde trabajó como periodista y en 1934 llegó a Rosario. Allí conoció a Vanzo y al poco tiempo decidieron vivir juntos.

Hacedores de la cultura y su vínculo con la ciudad

A principios del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, Rosario era una ciudad que crecía demográficamente a niveles exponenciales (1852-1872). Estimulada por su privilegiado puerto, comercios, ferrocarriles y con una fuerte presencia de inmigrantes, se convirtió en una metrópolis cosmopolita a tal punto que se la nombraba como “la Chicago Argentina“. En la década del 30’ la analogía con Chicago estaba relacionada también al desarrollo de la mafia y a su economía ilegal que también caracterizó a la ciudad norteamericana.

La ciudad de Rosario para esta pareja de artistas era un medio donde sus capacidades de producción daban resultados extraordinarios. Vanzo explicó que su obra fue realizada en el marco de la sociedad de la que era partícipe sintiendo y comprendiendo al hombre que vive y actúa en nuestro medio: “Mis cuadros en la mayoría de los casos son búsquedas pretensas y azarosas de arte nuevo, realizadas en un medio como mi ciudad, con escasas resonancias y educación artística…”.

A pesar de que Lucio Fontana le insistió mucho a Vanzo que se instalara en Europa, Vanzo eligió quedarse en su ciudad, donde se encontraba “La gringa”, su compañera por la cual tenía devoción. Pero además eligió quedarse en el lugar en el que le gustaba enseñar, militar y recorrer “confiterías” en sus tiempos libres. Era habitué de bares céntricos cerca de su departamento, como por ejemplo el bar del hotel Savoy (San Lorenzo y San Martín), el bar La Capital (Sarmiento al 700) y el Augustus de calle Corrientes y Córdoba, que al día de hoy conserva una placa en su memoria al lado de la mesa que él solía frecuentar.



La pareja primero vivió en un edificio de estilo art déco ubicado en la calle Corrientes al 626, donde pasaron sus mejores años. Rosa amaba a Rosario y a la vez la criticaba. Había cumplido su deseo de vivir en un lugar al lado de un río, en un departamento a pocas cuadras del río Paraná, pero no le gustaba el poco acceso que había hacia él. Expresaba tanto su deseo como su disgusto en sus escritos:

“Siempre soñé en una ciudad junto al río; a los pies de Rosario corre el más hermoso de los ríos de América: el Paraná. Y sin embargo es como si no existiera. galpones y elevadores, ferrocarriles, tanques, silos y rejas interminables le roban a la ciudad la maravillosa vista de su río para entregarlo a los caprichos de Mercurio insaciable. Cuando los poderes públicos se den cuenta de que no solo las riquezas materiales hacen la felicidad de un pueblo, entonces le será devuelto a la ciudad. Quisiera que Rosario llegara a equilibrar su potencia económica y comercial con una intensa actividad espiritual, porque los hombres que trabajan en las fábricas y en las oficinas tienen derecho también a disfrutar de la emoción del paisaje o de una obra de arte. No están dormidas las inquietudes de la población, pero falta estímulo. Existen todos los elementos humanos necesarios, pero falta de educación indispensable para que la razón modere los sentimientos. Y ese estímulo y esa ayuda debe venir de las instituciones oficiales y de los poderes públicos que son los encargados de acrecentar el progreso de la ciudad. Y la ciudad quiere su río y el pueblo debe aprender a verlo”.

(Fragmento extraído de Insumisas, 2020)



Wernicke comenzó colaborando para medios como La Capital y La Tribuna. Escribió en el Tonel de Diógenes, una de las pocas secciones de crítica literaria del país. También escribió para las revistas El hogar, Mundo Uruguayo y Monos y monadas. A Rosa no le interesaba escribir sobre los progresos (de los que se privilegiaba) de la ciudad, tampoco sobre el centro: le parecía mucho más interesante describir las periferias de Rosario, narrar otras realidades que eran muy distintas a la suya.

Un matrimonio moderno

La pareja no era bien vista en la cultura hegemónica de la época; no llevaban una vida convencional. Por un lado, cuando ella conoció al pintor todavía estaba casada. En aquella época, en Argentina no era legal el divorcio y mucho menos un segundo matrimonio. Fabián Bazán en su libro Insumisas (2020) expone un acta de matrimonio de la pareja en la Ciudad de México, donde también supone que allí la escritora llevó a cabo su divorcio con su primer marido.

Vanzo le contó como anécdota que recordaba con amor al periodista Chiapparini: “Un día la escritora llegó hasta su casa y le dijo: ‘Julio, ahora soy por fin libre. Quiero quedarme con vos toda la vida’. Según Vanzo había sido el momento más feliz y emotivo que tuvo. Y ¿cuándo fue? Él me confió, que en 1931 y que así lo repetía en su momento”. Pero el periodista tiene dudas y cree que la relación de la pareja venía de mucho antes.



Por otro lado, eran censurados por el contenido social y su militancia a través de sus obras. Una de las novelas más reconocidas de la escritora fue “Las colinas del hambre” (1943), posicionada como la primera novela social latinoamericana en la que se describe por primera vez una villa miseria. La novela posee ilustraciones de Vanzo de Villa Manuelita. Se dice que vivieron un tiempo en la zona sur (aunque distintas fuentes discrepan) y allí tomaron las fotos que después Vanzo utilizó para realizar las ilustraciones.

La novela fue controversial ya que a través de sus personajes marginales (cirujas, prostitutas y cafiolos) daba visibilidad a todas las miserias humanas. Tuvo mucha repercusión el hecho de que uno de sus personajes se parecía a una persona real que según trascendió, “se ocupó de comprar todos los ejemplares que pudo para después quemarlos”.



Julio Vanzo también generaba impacto con sus obras. Entre las temáticas que trabajaba tenía un gran interés en el erotismo, pero nunca mostró ese tipo de trabajo; más bien los archivaba en carpetas en su taller. Curiosamente, en el año 1929 fue rechazada una pintura suya que mostraba cierta sensualidad en el manejo de la figura femenina. La pintura tiene de título “El descanso de las máquinas circo” (cuatro mujeres artistas de circo en el interior de un vagón). Presentada en el Salón Libre de Bellas Artes de Rosario, no fue aceptada por la entidad que tenía a cargo la clasificación de trabajos enviados y se consideró al cuadro de carácter “inconveniente e inmoral”.

El hecho fue cubierto por los medios locales de forma crítica y publicaron cartas enviadas por los lectores. Vanzo realizó su descargo para defenderse de la crítica exponiendo la obra en el hotel Majestic (San Lorenzo 980) con una cita de Friedrich Nietzsche: “Defiendo a mi obra de todo propósito de medirla con ningún metro de ética burguesa, porque no está en ella sino sobre ella“.



La disputa de la identidad argentina en el arte

A Vanzo le rechazaban sus obras sistemáticamente. No tanto por la obra en sí, sino porque era considerado persona no grata. Fue uno de los primeros artistas de la ciudad en oponerse a las tendencias conservadoras. Fernando Farina, en su libro “Vanzo” (2009) dice que en ese periodo María López Carvajal observó que “la postura estética estaba relacionada con el gusto oficial o al menos con lo que los grupos de poder consideraban representativo del arte argentino y merecedor de formar parte de una colección pública. La pintura de costumbres y paisajes estereotipados de diversas regiones del país parece encontrar su sentido en la articulación con los lineamientos doctrinarios del nacionalismo, y así se vinculan las ideas de regionalismo, criollismo, indigenismo, entendido no pocas veces como un pintoresquismo localistas”.

Fernando Fader era uno de los pintores representativos de esas ideas. El silencio y la soledad eran para Fader características del suelo argentino. Era considerado el pintor nacional y legitimado en la cultura hegemónica del momento. Por el contrario, Vanzo trataba de situar las problemáticas que proponían las vanguardias, ya sea desde sus obras como desde su gestión como secretario de Hilarión Hernández Larguía (director del Museo Castagnino entre 1937 y 1945).

Para el proyecto audiovisual “Color Natal”, su sobrina deslizó que Vanzo era “un gestor cultural que tenía ideas de avanzada de que un museo no tenía que ser algo estático sino que se pueda armar en cualquier lugar y en cualquier momento“.

Una historia de amor con destino trágico

En 1957, Rosa Wernicke padeció un ACV que la dejó postrada durante 14 años. La pareja se mudó en 1963 a la casa-taller ubicada en Cochabamba 2010, vivienda que construyó Hermete De Lorenzi para su uso personal y luego antes de instalarse en Buenos Aires se la vendió a su amigo Vanzo.

Julio cuidó de su esposa en la casa-taller hasta su último día. Se ocupaba de que los médicos la visiten de forma regular y ella se negaba a comer si la alimentaba otra persona. Él la llevaba en silla de ruedas o en sus brazos por todo el atelier y ella lo observaba pintar.

Vanzo triunfó solitario en su taller, resignado a cargar con el dolor de su esposa postrada. Él mismo dijo: ”Pinto como he vivido, dentro de una terrible realidad. Huyo inútilmente de los recuerdos de mi vida y me recluyo en la realidad de mis sueños, que son mis pinturas, cuyos colores han sido sacados de la más profunda oscuridad”.

Rosa falleció el 3 de septiembre de 1971 dejando algunas novelas inéditas, textos y poemas que Vanzo atesoró. Desde 1977 una calle al sur de la ciudad lleva su nombre a la altura de Grandoli al 4600, muy cerca del vaciadero que describe en su novela “Las colinas del hambre”.

Julio Vanzo murió el 10 de diciembre de 1984 en la provincia de Buenos Aires. El 19 de junio del 2024, la Municipalidad de Rosario incorporó al patrimonio cultural de la ciudadanía la casa-taller de calle Cochabamba al 2010 y la nombró “Casa Vanzo-Wernicke”. Hoy en día funciona como la primera residencia pública y como un espacio de trabajo colaborativo y de investigación para artistas de todo el país, continuando de alguna manera con la historia y el legado de sostener la cultura de la ciudad de la pareja de artistas.


Archivo audiovisual

Nadia Velázquez
Estudiante de Gestión Cultural. Instagram: @nadiaevelazquez

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