El atroz crimen de Pablo Reinstein y su misteriosa venganza

Pablo Reinstein era un joven rosarino, hijo de Emilio Reinstein, un millonario comerciante de la ciudad. La tarde del 3 de septiembre de 1975, cuando el joven de 23 años estacionó su auto en el centro de Rosario, fue abordado a punta de pistola por Miguel Ángel Ramón Cazón y Luis Eliseo González, quienes lo obligaron a subir a un Peugeot donde esperaba Hugo José Felipe Risiglione, quien, llamativamente, era amigo íntimo de Pablo.

Los tres eran delincuentes primerizos que querían subirse a la ola de los secuestros extorsivos, un delito en alza en la década del ’70. Reinstein fue encerrado en una verdulería de Córdoba y Alsina, donde trabajaba González. Al caer la noche, llamaron al padre del joven y le exigieron 1.500 millones de pesos a cambio de su libertad.

Esa misma noche, Pablo intentó escapar, pero no tuvo suerte: fue asesinado con un arma calibre 22. Cazón le disparó al tórax y Risiglione lo remató de dos tiros en la cabeza. Posteriormente, en el patio del lugar cavaron una fosa de un metro y medio de profundidad, envolvieron el cuerpo en una lona y lo enterraron cubriéndolo con mucha cal y una losa de cemento.

No obstante, continuaron la negociación con la familia por el rescate. Risiglione se hacía llamar Raúl en las comunicaciones telefónicas. Emilio Reinstein aceptó pagar la suma de 270 millones de pesos, la cual debía dejar dentro de una bolsa al lado de una columna en la entrada al Balneario La Florida.

Reinstein dejó el dinero según lo convenido en la madrugada del 2 de octubre de 1975. Pero cuando los secuestradores llegaron a buscar el dinero, no había nada: un grupo de cirujas que recorría la zona se había llevado la plata. Esto se conoce tiempo después, por los excéntricos gastos que realizaron.

Un pago hecho y un dinero no cobrado: la situación entre ambos lados se tornó confusa y sospechosa y la comunicación se distorsionó. No hubo novedades hasta el 19 de diciembre, cuando la madre de Pablo se presentó en televisión y mirando a cámara le habló a Raúl -como conocía al vocero de los secuestradores- y le pidió que volviera a comunicarse. Además, la familia publicó avisos en La Capital con el mismo mensaje.

La policía comenzó a vigilar las llamadas, y así fue que a principios de enero de 1976, Risiglione fue detenido. Finalmente, confesó el crimen y delató a Cazón y a González. Lo llamativo es que habiendo sido amigo íntimo de Pablo, durante los meses posteriores a secuestrarlo, matarlo y fingir que permanecía secuestrado, siguió tratando a la familia como si él no tuviese ningún tipo de implicancia. El 12 de julio de 1978 condenaron a Risiglione y a Cazón a prisión perpetua y a González a 12 años de cárcel.

Pero la historia no terminaría allí. Los tres recibieron varias conmutaciones que mejoraron su situación y aceleraron su libertad. González fue excarcelado en diciembre de 1982, mientras que Risiglione y Cazón comenzaron a tener salidas transitorias del penal de Coronda en 1984.

En una de sus salidas, el 12 de julio de 1986, Risiglione fue a visitar a su madre a Maciel. Al bajar del colectivo, en la ruta 11, se le acercaron tres hombres, que lo balearon a quemarropa. Fue asesinado de un tiro en el pecho y otros dos en la cabeza. Como Pablo Reinstein.

En tanto, Cazón suspendió sus salidas transitorias. La cárcel era un sitio más seguro. Pero el 30 de junio de 1987 recibió la libertad condicional y tuvo que volver al peligroso mundo exterior. Trataba de rehacer su vida y consiguió trabajo en el Supermercado del pollo, en Paraguay y 3 de Febrero.

El 6 de octubre de 1988, cuando terminaba de atender el negocio, Cazón cayó herido de dos balazos de calibre 22. El mismo calibre utilizado para matar a Pablo Reinstein. Le habían disparado desde el segundo piso de un edificio en construcción, de Paraguay 1284, con una mira telescópica. La repercusión del caso movilizó a la Justicia.

Vecinos de Paraguay y 3 de Febrero habían visto que dos personas sospechosas se alejaban rápidamente del lugar después de la muerte de Cazón. Habían abordado un Peugeot 404, del que anotaron la patente.

El dueño del auto era José Distéfano, un policía que llevaba un año fuera de servicio. El segundo se llamaba Oscar Piedrabuena, quien era el chofer de Emilio Reinstein. En el interrogatorio policial, el chofer admitió que había contratado a Distéfano para que matara a Cazón, a pedido de Emilio Reinstein. Posteriormente, el comerciante fue también detenido. Pero el 23 de diciembre, el juez liberó a los detenidos “al no haberse reunido elementos probatorios suficientes de su culpabilidad”. Mientras tanto, la suerte de Luis González disparó infinidades de conjeturas: muchos dicen que logró escaparse lejos de la ciudad, aunque la mayoría afirma que también fue asesinado. Nunca más se supo de él

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